Igor Arrieta consigue de forma épica la primera victoria española en el Giro de Italia

Caen, eso sí, antes. Primero el español, que parece perder toda esperanza a 13 kilómetros de la conclusión, cuando su rueda patina sobre el asfalto encharcado, incapaz de tragar los litros de agua caídos durante la mañana. Siete kilómetros después, se va contra el piso el luso, que rodaba en solitario, rumbo al triunfo, pero ve naufragar su propósito con idéntico desenlace sobre el asfalto.

Reagrupados los dos valientes, parecen pactar: etapa para el navarro y maglia rosa para el portugués. Pero todo vuelve a saltar por los aires a dos de meta, ya en las sinuosas avenidas de Potenza, cuando Arrieta, a rueda de Eulálio, trata de evitar una alcantarilla, preso del miedo, y se va largo por el camino equivocado.

Eulálio, ahora sí, pedalea contra el tiempo. La victoria le espera, con el navarro ya 13 segundos por detrás. Pero Arrieta resurge, justicia poética, y zampa metros a su rival, hoy compañero de batalla, entre las vallas de la capital de Basilicata. Solo a 100 metros del final, el navarro supera la rueda de Eulálio. Incrédulo. No se cree tan épico desenlace. Y llora de emoción, abrazado a sus mecánicos y jefes del UAE, que, descartado de la general, fruto de las caídas, lo apuesta todo a las victorias de etapa.

[Noticia de última hora. Habrá actualización en breve]