Victoria a victoria, Paula Blasi acelera hacia el Tour de Francia

El Cauberg en la Amstel, el Tourmalet a solas el sábado para marcar las diferencias insalvables con que el domingo selló su triunfo final a las afueras de Pau en el Tour de los Pirineos… Cima mítica tras cima mítica, victoria a victoria, Paula Blasi acelera hacia el Tour de Francia (1 a 9 de agosto), donde le esperan otro gigante, el Mont Ventoux, y, quizás su consagración definitiva como campeona del ciclismo a los 23 años.

Entró a última hora para cubrir una baja por enfermedad en el primer equipo del UAE para la Amstel, aprovechó la incredulidad de las rivales cuando atacó, y ganó. una de las grandes pruebas del calendario, por delante de las vacas sagradas del ciclismo femenino Demi Vollering y Kasia Niewiadoma, llegó como una sorpresa para el mundo, no para ella pese a su momentánea pose de mujer poseída por el síndrome de impostora, su solidez en las restantes clásicas (lucha hasta el final por la victoria en la Flecha y Lieja) y, sobre todo, la manera clínica, perfecta, en que se impuso en la Vuelta a la gran veterana Anna van der Breggen, la auparon sin reparo alguno al estatus de gran revelación mundial del ciclismo, que confirmó, de nuevo, unos días después imponiéndose en la Durango-Durango. En la ascensión hacia la elite, su fuga del sábado, su raid solitario en el Tourmalet por Barèges (una ascensión de 19 kilómetros al 7,4% que cubrió en 1h 2m 51s, a 18,02 kilómetros por hora de media), no es simplemente un escalón más, sino un ascensor sin paradas intermedias. El pelotón perseguidor llegó a la meta de Bagnères de Bigorre, tras el descenso por la ladera de La Mongie, a 1m 59s.

“Físicamente, soy la misma que compitió el año pasado en esta carrera, y entonces lo hice como cualquier debutante, pero fue superdivertido”, explicó Blasi por la tele antes de subir al podio final de Jurançon. Hasta los 18 años, una mediofondista con progresión que, tristemente, se lesionaba demasiado, lo que le impedía conseguir lo que más le gusta, entregarse totalmente, buscar siempre sus límites. Solo a los 21, después de un paso por el triatlón y el duatlón, dedicó todo su tiempo e inmenso talento a la bicicleta. Fichó por el UAE, donde, en teoría debía haber pasado todo 2025 en el equipo promesa, pero a mitad de temporada, tras un par de victorias en carreras de un día, pasó al primer equipo. Semanas después, ganó su primera carrera en el WorldTour, una etapa en una Romandía, En 2026. La consagración sin fallo. “Mentalmente, soy otra. La experiencia es otra. Me faltaba saber cómo moverme, cómo mantener la calma cuando hay que hacerlo, no desperdiciar cuando tienes. Creo que tengo más confianza en mí misma”.

Más confianza en ella tiene aún su entrenador, Fran Escolà, que la prepara en las carreteras pirenaicas alrededor de la residencia familiar en el enclave de Llívia. Desde allí se distinguen perfectamente las pistas de la vecina La Molina, justamente su próximo desafío. La ascensión a las pistas de esquí de la Cerdanya culminará el sábado próximo la etapa reina de la Volta a Catalunya. Blasi participará en la carrera tan cercana a su vida como segunda clasificada en el ránking de la UCI, solo detrás de Vollering. Nunca una española estuvo tan alta en las dos últimas décadas. Nunca tampoco una española llegará al Tour de Francia como líder de un gran equipo y favorita desde los años 90, cuando el esplendor de Joane Somarriba, maillot amarillo en 2000, 2001 y 2003.