Si algo hay que agradecerle a Mercedes , la pareja de pilotos de la marca de la estrella y los principales candidatos a devolverle el título al fabricante alemán seis años después del último (2020), de Lewis Hamilton. Desde entonces ha pasado casi una eternidad, el multicampeón se ha convertido en el hombre anuncio de Ferrari y los coches actuales no tienen nada que ver con aquellos. Si tiene hechuras parecidas el dominio de Mercedes en el inicio de esta nueva era con el que puso en relieve cuando arrancó la anterior, en la que encadenó siete cetros consecutivos (2014-2020). Para suerte de la hinchada y taquicardia de Toto Wolff, el director de las Flechas de Plata, la balanza entre Antonelli y Russell está niveladísima, por más que la tabla general no termine de demostrarlo. Eso pasa por carreras como la de este domingo, en Canadá, donde una avería en el monoplaza del británico lo eliminó del intercambio de golpes que mantenía con el italiano, cuando ambos se estaban jugando el liderato y la victoria, poco antes de llegar al ecuador de la prueba (vuelta 30).
Este desenlace fue una auténtica lástima después de que (Gran Bretaña), se autoeliminó antes de comenzar. Los técnicos de Woking equiparon los bólidos de Lando Norris y Oscar Piastri con neumáticos intermedios, cuando el asfalto estaba ya prácticamente seco, y allí murió cualquier esperanza.
El triunfo es el cuarto consecutivo de Antonelli, que coge aire al frente del Mundial, . Con Antonelli más de diez segundos por delante, el pique que mantuvo con Max Verstappen (tercero) fue una auténtica gozada, y un anticipo de lo que, con un poco de suerte, puede dar de sí este nuevo formato de campeonato. Carlos Sainz cruzó la meta el noveno, y Fernando Alonso tuvo que abandonar por un problema técnico en su Aston Martin.
“Para ser sincero, la verdad es que estoy orgulloso de mi fin de semana. Logré la pole para la sprint, gané la sprint, conseguí la pole en la cronometrada y lideraba la prueba cuando el coche se paró. Por mi parte, no siento que pudiera haber hecho nada más este fin de semana. Así que me voy satisfecho”, resumió Russell, que llegará a la siguiente parada del calendario, en Mónaco, dentro de dos semanas, con una desventaja de 43 puntos respecto de su vecino de taller. “Evidentemente, me voy bastante frustrado con lo que ha pasado. Pero bueno, ¿qué más puedo hacer?”, relativizó el de Norfolk, que probablemente no había calculado la fuerza con la que un chaval de 19 años rendiría como lo está haciendo Antonelli en su segunda temporada en la F1.
A pesar de cometer algún error aquí o allí, el italiano se ha ido afinando a medida que ha ido sumando kilómetros. En un trazado tan delicado como es el Gilles Villeneuve, donde los muros le abrazan a uno cuando menos se lo espera, el boloñés exhibió un desparpajo inusual y mucho carácter, en ocasiones incluso demasiado si tenemos en cuenta los toques de atención que recibió por la radio, sobre todo el sábado, en el fragor de la batalla con Russell. El domingo salió como un tiro, otro paso adelante respecto de las primeras citas, y en todo momento rodó pegado a la caja de cambios del prototipo de su compañero, que se las apañó como pudo para retenerle, hasta que su W17 se vino abajo, despejándole el panorama a un Antonelli cuyo margen de mejora tiene que ser aterrador observado con los ojos de sus rivales en pista.