Dos años y medio después de la tormenta de rayos y truenos que provocó Ferrari al anunciar la incorporación de , la jugada empieza a cobrar sentido para la Scuderia, que este domingo celebró el primer triunfo del británico enfundado en el mono rojo de la marca más universal del mundo de las carreras en un circuito de Montmeló que se despidió de la Fórmula 1 hasta 2028. El Circuit asistió al renacimiento del multicampeón británico, que volvió a ganar casi dos temporadas después de la última vez, y que añadió una muesca más a su hipertrofiado palmarés, 106 victorias ya en la hoja de resultados más refulgente de la historia del certamen. En una versión mucho más fiel a lo que había sido siempre, Hamilton entró en trance en el circuito barcelonés, donde su equipo le dio un coche capaz de imponerse a los todopoderosos Mercedes, superados por primera vez en lo que va de curso. Gracias a una estrategia brillante parida desde el muro, y al punto de suerte que tuvo a raíz del coche de seguridad virtual que forzó (vuelta 41), el corredor de Tewin encontró un pasadizo para superar a George Russell sin necesidad de adelantarle en pista, la forma más segura que hay. El piloto de Mercedes salió desde la pole y aún gracias que terminó el segundo, beneficiado del apagón sufrido por Kimi Antonelli, su vecino de taller, que acababa de adelantarle a solo cuatro giros de la bandera de cuadros. El podio lo completó Lando Norris, el actual campeón. Carlos Sainz, por su parte, cruzó el 12º.
. Tras un año, el primero enfundado en el mono de los bólidos rojos, en el que llegó a dudar hasta de su capacidad para conducir, el siete veces campeón del mundo ha sabido resucitar subido a la nueva generación de monoplazas, ya no tanto por los controvertidos motores que incorporan, sino por la simplificación aerodinámica, especialmente en la eliminación del efecto suelo que tanto le limitaba. Eso, en lo genérico; la generosa actualización del SF-26, con un nuevo alerón delantero, además de un difusor y un suelo revisados, en lo concreto.
Es imposible diseñar un domingo más perfecto que el que se le quedó a Ferrari y a su principal reclamo, que volvió a sus esencias para sacar de no se sabe muy bien dónde un ritmo abrumador que pilló con el pie cambiado a Mercedes. Esa fuerza fue clave en la misma medida que lo fue el plan de los de Maranello, que anticiparon la segunda visita de Hamilton al taller para sacudir el avispero. La puntilla la puso el virtual que se mostró a raíz de la avería de Alonso, que le permitió ahorrarse diez segundos en su tercera parada, circunstancia que le llevó a salir de los garajes al frente del pelotón, con más de 20 vueltas por delante y la ventaja de acabar de colocar gomas nuevas. En definitiva, una jugada maestra de una escudería italiana entregada por completo a un Hamilton que promete dejarse la piel para poder gozar de domingos como el último.
“Empecé un sueño el año pasado. Un sueño que llegó a parecer imposible. Pero nunca perdimos la esperanza. El equipo me levantó una y otra vez”, declaró el gran triunfador en Montmeló, donde sumó su cuarto podio de este ejercicio, el tercero consecutivo, y donde ya ha ganado siete veces, una más que . “Todas las victorias son especiales de una forma u otra, pero esta es algo distinto. El 2025 fue complicado, sufrí muchos micro ataques. Pero supe centrarme y trabajar en mi esencia, sin bajar los brazos”, concluyó el mejor Hamilton.