Países Bajos saca el mazo contra Suecia, se libera y, al fin, se divierte

La alfombra roja del Mundial examina a las grandes estrellas del fútbol y, de repente, asiste al pelotazo imprevisto de jugadores que solo aparecían en las guías de los muy cafeteros. Ese fue el caso del holandés Brian Brobbey en el , delantero del Sunderland, de 24 años, que hasta ahora ejercía como fondo de armario de la Oranje. Muy fondo, en muchos momentos.

Sumaba un gol en 13 partidos y en la última Eurocopa no llegó ni a los cinco minutos sobre el césped, pero este sábado, bajo el techo salvador del estadio de la asfixiante Houston, irrumpió de inicio y en un cuarto de hora ya llevaba dos tantos. Él fue la única novedad de Ronald Koeman (en lugar de Crysencio Summerville, con alguna molestia) después del frustrante empate , y su impacto resultó decisivo. Enfrente andaban Gyökeres e Isak, pero asomó el corpachón de Brobbey, el outsider que despertó y liberó a Países Bajos.

Su irrupción huracanada soltó a una Holanda que se presentó con la obligación de pegar un salto. Los neerlandeses se destensaron, le metieron más velocidad al balón y encontraron pronto el premio frente a un rival no tan acantonado como los nipones. Hasta que llegó el momento de la abucheada pausa publicitaria, que cumplió con su objetivo doble: poner anuncios y ayudar a cambiar el guion del choque.

Entonces Suecia, aunque tarde, encontró una ventana para entrar en el partido. Frente a un dispositivo defensivo algo agrietado en la Oranje, tuvo juego, espacios y ocasiones con . Los tres obligaron a Verbruggen a estirarse. Los nórdicos se fabricaron un buen puñado de oportunidades y para todas tuvo réplica el meta holandés. Y para la que no, recibió la asistencia del VAR, que detectó un meñique adelantado del central Lagerbielke en un cabezazo a la red.

El partido se había soltado por los dos lados, de una orilla a otra, sin embargo, el martillo solo lo tenía Holanda, muy fina en ataque. En otro parpadeo, Gakpo terminó de arruinar a los suecos con un doblete. La contundencia que tanto había echado en falta Países Bajos en los últimos tiempos, nostálgica de sus grandes delanteros de otras épocas, la exhibió sin contemplaciones ante una Suecia que primero llegó tarde y luego no encontró el gol.

Elanga, recién ingresado en el campo, animó el final de la sesión matutina con su diana y luego con un taconazo genial sobre la línea de fondo. Pero el martillo pertenecía en exclusiva a los holandeses y Summerville puso el quinto. Una jornada que relanza a los neerlandeses y espanta las críticas recibidas.