El City de Guardiola se despide en familia

, es el caso más evidente. Era ayudante de Guardiola en 2019 cuando los Kroenke, dueños del Arsenal, le pidieron que replicara el artefacto que tanta audiencia producía allá en el norte. Después de todo, además de jugar un fútbol divertido y acumular más títulos que nadie, desde la llegada del catalán en 2016 el club aumentó sus ingresos de menos de 450 millones de euros por curso a más de 800 millones. El City, con Bernardo Silva como líder, pasó de ser un club provinciano a convertirse en un gigante de Europa, además de la obra más personal y entrañable de Guardiola.

“No creo que vuelva a sentir un amor así en lo que me queda de vida; ¡sois mi familia!”, dijo Bernardo, micrófono en mano, dirigiéndose a la multitud reunida en el Etihad después de perder 1-2 ante el Aston Villa de Unai Emery. El técnico vasco ofició contento de animador de la ceremonia. El abrazo con Guardiola dio comienzo a una fiesta cuidadosamente diseñada para sentar un hito. Los protagonistas fueron Guardiola, los jugadores, y los empleados del club, hasta el último celador. El presidente, Khaldoon Al Mubarak, se limitó a saludarlos desde una pantalla gigante.

La hinchada, apretada sin moverse de los asientos, lleno total, cantaba "Cos we‘ve got Guardiola, we’ve got Guardiola", el himno oficioso, siguiendo las notas de Glad All Over de los Dave Clark Five.

, les inquirió Guardiola, nada más recoger el micrófono, nervioso sobre el césped. “Ha sido un tremendo honor estar aquí estos diez años. Esperamos haberos proporcionado...”. La muchedumbre no le dejó seguir: “¡Diez años más! ¡Diez años más!”, gritaban. El estadio temblaba y Guardiola miraba la hierba y negaba con la cabeza, divertido ante la broma. En un rincón del palco le contemplaba su padre Valentín, el famoso paleta, embutido en un terno. Él también se secaba las lágrimas.

“Ayer llegó mi padre a Mánchester, a sus 94 años...”, dijo Guardiola, girándose hacia la tribuna que lleva su nombre, recién inaugurada para 7.000 espectadores. “Es un honor que esta grada tan bonita lleve el nombre de nuestra familia. Desde ahí veremos los partidos. Mi madre estará mirándonos desde arriba y ¡yo estaré ahí controlándolos a ustedes!”.

Guardiola señaló a sus jugadores. Pocas veces un entrenador en el máximo nivel provocó un crecimiento más generalizado en una plantilla. Su hazaña menos visible consistió en prolongar la dinastía en la precariedad. El portentoso manto financiero del conglomerado soberano de Abu Dhabi que posee el club ocultó una realidad que propios y extraños procuraron omitir. Desde la conquista de la Champions en 2023, los fichajes incorporaron más servidumbres que beneficios inmediatos. La dirección deportiva invirtió en torno a 700 millones de euros en renovar una plantilla de la que salieron De Bruyne, Mahrez, Julián y Gündogan con futbolistas sin apenas experiencia obligados de inmediato a sostener el nivel del equipo más exigente del mundo.

Matheus Nunes había terminado la Premier en 13ª posición con el Wolves cuando le contrataron tras la salida de Gündogan al Barça. Le siguió Nico González, que después de quedar tercero en la Liga de Portugal con el peor Oporto de la década, descubrió que en Mánchester le esperaban para darle el timón de Rodri. Tijjani Reijnders, otro mediocampista con el encargo de llenar el vacío dejado por Gündogan, se había destacado en un Milan que no fue capaz de clasificarse para la Champions en 2025... Así sucedió con Doku, Marmush, Savinho, Semenyo, Khuzanov... Todos los fichajes exigeron saltos cualitativos descomunales.

Tottenham, salvado; Chelsea, sin Europa

“Si eres aficionado del City y cualquier día me ves paseando por una calle de Europa, o de Manchester, o de América... ¡ven y dame un abrazo! ¡Los quiero mucho!”

Algo mejor, pero no mucho, quedó el Chelsea. El equipo que dirigirá Xabi Alonso a partir de julio perdió con el Sunderland y acabó 10º, fuera de los puestos europeos.