“¡¡¡Vamosssss, hostia!!!”.
“Esto me ayudará”, analiza. “Este tipo de partidos, en los que tienes que sufrir, también demuestran que puedo ganar cuando las cosas no van tan bien. Si quieres ganar muchos partidos, no vas a hacerlo siempre jugando perfecto, así que este me ayudará a darme cuenta de que, incluso cuando las cosas no van bien, soy capaz de ganar. He aprendido mucho”, amplía el vencedor, que virtualmente se encarama a la 28ª posición. La pista estaba “seca”, remarca, y el australiano “saca muy bien” y “no te da ritmo”.
En todo caso, al final acaba imponiéndose la lógica del presente y Jódar logra el pase. Se lo gana, se lo trabaja. Es superior. Y le sabe muy bien: más y más aprendizaje. Todo suma para el advenedizo. Quién sabe que hubiera sido de un enredo a cinco mangas. Se las verá el próximo día con el 42º, el estadounidense Alex Michelsen (7-6(5), 6-3, 3-6 y 6-3 a Nishesh Basavareddy), y sigue sacándole jugo a esta primera experiencia en París, donde Novak Djokovic, casi en simultáneo, también avanza. Eso sí, el serbio se deja otro set por el camino y debe trabajárselo mucho otra vez, porque al igual que Duckworth, el local Valentin Royer se revuelve y le araña un set. Será un 6-3, 6-2, 6-7(7) y 6-3. El primer día invirtió 2h 51m y esta vez se alarga a 3h 44m.
Baila a lo Michael Jackson en la escalinata hacia el vestuario y en la sala de conferencias bromea sobre su evolución con la volea. “Creo que no soy la persona con la que deberías hablar de esto…”, le contesta con humor al periodista; “incluso mis aficionados inventaron el término Djokosmash, y no sé si eso es positivo o no… [risas]”. A continuación, dice estar sorprendido de que en Roland Garros no se aplique el protocolo contra el calor: “Pensaba que era en todos los Grand Slams”.
Caerá a última hora Marina Bassols ante Mirra Andreeva (3-6, 6-1 y 6-1), luego ya no queda representación femenina en el cuadro.