El técnico detalla que incluso la tensión del cordaje es diferente. “En Valencia, por ejemplo, es menor”, matiza. Sus ojos han visto crecer y evolucionar a Jódar y Landaluce, dos niños diferentes, así como el despegue reciente de Mérida. “ y Rafa era más bien gordito, aunque luego pegó el estirón. Y el talento de Dani es brutal, solo le faltaba la parte física”. Directivos y especialistas coinciden en describir el estilo de juego de los dos primeros como “moderno” e inciden en el comportamiento impecable de ambos. “Son muy respetuosos. Nunca los he visto discutir con sus entrenadores e iban siempre a ayudar al equipo, aunque su nivel fuera muy superior”, señala Martínez Rosado, mientras Linares Corral aprecia un claro punto de inflexión en la experiencia universitaria de Jódar en Virginia.
“El año en Estados Unidos le sirvió para madurar mucho, tanto en términos físicos como mentales”, prosigue, al mismo tiempo que concreta que el tenista de Leganés, ahora 34º del mundo, “era más de cuartos y semifinales”, mientras que Landaluce (94º) “estaba más acostumbrado a ganar”. Ahora bien, la transición de uno y otro hacia la élite ha sido muy diferente. Mientras uno se alejó del foco después de , al otro, , “lo cogió muy rápido un agente [Albert Molina, el mismo que dirige los pasos de Carlos Alcaraz], una multinacional [IMG] y varios patrocinadores”. Y eso, destaca, “no es nada fácil y por eso quizá a Martín le ha costado un poco más subir” en el ranking.
Cuentan que Jódar es el fiel reflejo de su padre, quien durante la sesión apenas da órdenes. Una simple mirada basta para que su hijo interprete de inmediato exactamente qué debe hacer, con qué grado de intensidad o en qué aspecto debe incidir. , sin bajar de piñón, durante la hora bien aprovechada que dura el entrenamiento. No lleva la gorra. Es un chaval, pero trabaja como un veterano. Ni el chaparrón que cae sobre la cubierta al mediodía le descentra. Al parecer es un joven imperturbable. “Rafa tiene una forma de pensar muy científica, procesa y procesa: es como una computadora. Ya se ve durante los partidos, cuando falla alguna bola señala dónde debería haber golpeado. Hace esos gestos porque habla mucho consigo mismo. De pequeño no ganaba porque jugaba un tenis de mayor”.