¿Final? ¿Qué final? Sinner acaba con Zverev en 57 minutos y toma la Caja Mágica

Suena el guitarreo salvaje de la Song 2 de Blur y, al compás, Jannik Sinner va descerrajando derechazos y reveses violentos que . Un suspiro dura el alemán, taciturno, rendido y cabizbajo de principio a fin, sin opción alguna en una tarde traducida en un agradable paseo para que el italiano continúe reescribiendo la historia (6-1 y 6-2, en tan solo 57 minutos) y adueñándose de una temporada que está haciendo casi enteramente suya; a excepción de Australia, la gloria es para él. O cambia mucho el panorama o media algún contratiempo, o los grabadores la Copa de los Mosqueteros ya pueden ir poniéndose los guantes y empuñando el buril en París. Lejos de acortarse las distancias, cada día que pasa el número uno se aleja todavía más del resto.

A todo el mundo le sabe a poco. Por supuesto a Zverev, sonrojado: “Lo siento mucho…”. A los aficionados, quienes después de rascarse el bolsillo (180 euros) contemplan poco menos que un entrenamiento. Y, en última instancia, al propio Sinner, que termina la tarde sin apenas haber roto a sudar y quedándose con las ganas aunque, bien pensado, no cabía un escenario mejor para él, hoy planeta solitario, islote absoluto y dando un bocado tras otro en el terreno de los Masters 1000. De octubre aquí, de seguido: París, Indian Wells, Montecarlo, Miami y ahora Madrid. Logro único en el terreno masculino, que no en el femenino. La danesa Caroline Wozniacki también engarzó cinco seguidos entre 2010 y 2011.

Ha sido un abrir y cerrar de ojos, sin historia. Menos de una hora en el epílogo más rápido en la historia del torneo, por debajo de la hora y dos minutos que invirtió Alcaraz en la edición de 2022 para reducir a… Zverev. El tenista alemán, de 29 años, por completo los réditos de sus virtudes, que no son pocas. Más allá de que siga sin afinar con la derecha y de nublarse cada vez que va a volear, su expresión y su actitud son muchas veces un caramelo de antemano para el de enfrente. Lógico que pesase el dato, aplastante, las ocho derrotas encadenadas frente al italiano; sin embargo, lejos de rebelarse contra sí mismo y esa endeblez, baja los brazos cuando el duelo apenas ha comenzado. Son demasiados los golpes recibidos.

“No ha sido mi mejor día…”, esgrime. No cabe duda. Dos errores con el drive propician el desmoronamiento. Rotura, y de ahí a la nada. El piloto automático le basta al italiano para triunfar por primera vez en Madrid y seguir distinguiéndose en el escenario de los miles. Ya posee ocho de nueve, a falta solo de Roma; este último a la vuelta de la esquina. E iguala a Roger Federer con los nueve títulos que ha logrado en la categoría, soñando quizá con Novak Djokovic: el serbio, 40 en total, los ganó todos… Dos veces. “No ha jugado su mejor tenis hoy”, disculpa al rival. “Hay mucho trabajo, dedicación y sacrificios detrás. En algún momento habrá algún bajón, pero estoy feliz por seguir creyendo en mí mismo, yendo cada día a entrenar con la predisposición adecuadas. Para eso necesitas un buen equipo detrás”, puntualiza.

No deja Sinner de superarse con ese abanico devastador, intacto el apetito y desbloqueado otro reto. Decía que la Caja Mágica pone a prueba como pocos marcos la capacidad de adaptación del tenista y encuentra este año la llave. No parece haber enclave que se le resista. Le incomodó Benjamin Bonzi el primer día, un set para el francés, pero posteriormente no hubo en los cuartos de final. Prácticamente, ningún rasguño. Allá quedaron los sudores. Luego, un paseíllo sobre la alfombra roja hacia el trofeo que consolida un poco más su preparación y subraya su condición de favorito de cara a Roland Garros, objetivo prioritario. París-París-París.

“Jannik, eres el mejor en estos momentos, de lejos. Espero que te relajes un poco antes de ir allí…”, dice con resignación Zverev, desnudado de arriba abajo por la estadística: 15 errores por los cinco del rival, nueve ganadores por los 19 de Sinner, ninguna opción de rotura por el pleno (cuatro de cuatro) del campeón, quien ha perdido tan solo dos puntos con los primeros saques y posa feliz en la central del barrio de San Fermín. Sin Alcaraz presente, el pelirrojo ha desplegado la red de arrastre y continúa sumando títulos, ahora dos por encima del murciano (28-26). Sigue elevándose y desmarcándose, haciendo de cada torneo una simple cuenta atrás hacia el éxito. Subiendo felizmente la escalera de la primavera: Madrid, ya en sus manos.