Marc Toralles, Bru Busom y Rubén Sanmartín logran el primer Piolet de Oro para el alpinismo español

Marc Toralles, Bru Busom y Rubén Sanmartín se han convertido, al fin, en la primera cordada española en lograr el Piolet de Oro, el máximo galardón que concede el mundo del alpinismo. La noticia, tan emocionante como justa, zanja una deuda de décadas con una forma de entender el alpinismo y hace justicia a los alpinistas de élite de un país que nunca lo han tenido fácil para crecer. El premio que recae en los dos catalanes y el aragonés puede verse como un reconocimiento para todos aquellos alpinistas que escogieron estas últimas décadas el improbable camino de la exploración, la dificultad y el compromiso, desde Rabadá y Navarro a Nil Bohigas y Enric Lucas, pasando por Jordi Corominas y Mikel Zabalza, los hermanos Pou o los tres que ahora pueden exhibir, al fin, el Piolet de Oro.

Con anterioridad, Silvia Vidal había recibido una mención especial en 2021 y Jordi Corominas un Piolet de Oro al conjunto de su carrera en 2024, pero ninguna ascensión específica firmada por españoles había sido aún premiada.

La actividad reconocida tiene que ver con , pasar por la cima principal y descender por la vertiente sur, todo esto entre el 4 y el 9 de agosto de 2025. El trío bautizó su impresionante actividad de una manera que evocaba escalofríos: La esencia del compromiso.

En el Yerupajá, para sobrevivir y descender de la montaña, el trío se vio forzado a afrontar una arista adornada por enormes hongos de nieve, formaciones inestables que el cambio climático ha convertido en una ruleta rusa. Fueron 600 metros de recorrido de una tensión indescriptible, el miedo, la tensión máxima y la fuerza de voluntad para sobrevivir mezclados en un cóctel casi insoportable. “Cada vez hay menos nieve y más cuelgan los hongos y más miedo da pensar que nos podíamos ir los tres con todo para abajo”, evocaba hace un año Bru Busom.

El caso es que no podían descender, faltos de material, por donde habían subido. Los tres resolvieron una huida hacia adelante sin saber si lograrían pasar, fiándose a su valor, su habilidad y su instinto. No fueron a la caza del peligro, sino que el peligro resultó ser su única posibilidad de salir con vida.

El jurado de los Piolets de Oro 2026 ha valorado positivamente el genio y el instinto de la cordada y se ha declarado “impresionado por la capacidad de este equipo para seguir abriendo líneas audaces en el hemisferio sur, demostrando que todavía es posible vivir aventuras de máxima calidad fuera del Himalaya. La travesía, caracterizada por un elevado compromiso, con escasas opciones de recibir ayuda externa en caso de accidente, fue completada con un estilo excelente y una preparación exhaustiva que contribuyó, sin duda, de manera decisiva al éxito de la ascensión”.

AL recibir la noticia, Rubén Sanmartín, se muestra relajado, pero también reivindicativo al otro lado del teléfono: “es un premio para la comunidad, para todos los que amamos la montaña y el alpinismo. Ya era hora de que una cordada española recibiese el galardón, sobre todo porque quizá ahora se abra una puerta y los que lleguen detrás de nosotros lo tengan más fácil”.

, obviando a los hermanos Pou. Toralles, Busom y Sanmartín viven de su trabajo como guías de alta montaña y se pagan las expediciones de su bolsillo. Las grandes firmas de material deportivo no les patrocinan, a lo sumo les dan una pequeña limosna. Y, pese a todo, llevan años firmando ascensiones que muchos patrocinados no pueden siquiera imaginar. Algo ha de cambiar. Los tres reconocen humildemente que no saben venderse, que entre perder el tiempo entre pasillos y puertas que no se abren prefieren trabajar, escalar, ahorrar y salir a cazar algo grande. Pero saben que que al menos les permitiese dedicarse al 100% a su pasión sin tener que vivir al día.

Si bien es cierto que nunca han disfrutado de un patrocinio serio y eficaz, los tres han podido, al menos, crecer al amparo de los diferentes equipos de alpinismo de la FEDME, y de sus diferentes directores: Chiro Sánchez, Jordi Corominas, Simón Elías o Mikel Zabalza. De estos equipos han salido cordadas fabulosas, la inmensa mayoría sin continuidad en la élite por falta de ayudas, enormes alpinistas condenados a pasarse varios meses al año guiando en Chamonix. “Sí, el equipo de alpinismo es una lanzadera para los que desean afrontar retos de altura”, explica Mikel Zabalza, “pero sigue siendo casi imposible poder dedicarse a ello de forma profesional”.

Algo tiene que cambiar ya para que el alpinismo de élite de este país pueda igualarse al francés, al suizo o al estadounidense. “Tenemos que movernos, Marc, Bru y yo, para buscar ayudas y poder al menos tener un proyecto a tres años vista que nos permita entrenarnos correctamente, planificar ascensiones sin tener que mirar el bolsillo constantemente”, lanza Rubén, pero no se engaña: sabe que escalar las montañas más complejas del planeta puede resultar más sencillo que tocar la tecla adecuada de la financiación.