Eusebio Cáceres y Moha Attaoui encuentran la paz y el impulso en los Europeos de Birmingham

ojos dormilones, salta como los ángeles (8,26m); el cabello abundante, primoroso corte, de Mattia Furlani, se eriza espantado cuando cae tras su primer salto, desequilibrado y chillando, el isquio de su muslo derecho quebrado, y vuela con el viento (+3,1) que le empuja en el aire como haría con una cometa después de una batida perfecta, muy ajustada, salta 8,24m y exclama: “Cuando ya tienes 35 años te dicen que el resto de tu vida de atleta es un regalo, pero para mí es un nuevo comienzo”. Luego, carga su mochila y se marcha de la pista charlando alegre con el griego, doble campeón olímpico y favorito para sumar un cuarto título europeo a los dos olímpicos y al mundial que ya ha ganado.

En la final (martes, 20.16) se encontrará con dos españoles más, el alcarreño Lester Lescay (8,03m, solo +0,9 de viento: su pasillo de salto estaba pegado a las gradas del Alexander Stadium, una hectárea de hierba fresca y verde en medio del paisaje de secarral manchego, hierba pajiza como rastrojos de cereal, que domina la siempre verde, antes, Birmingham). Por primera vez en la historia, tres españoles en una final europea de longitud.

“Sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero ya me toca saltar lo que valgo”, dice Guerra, de Cornellà, 26 años y una carrera puntuada por las lesiones, antes de disputar su segunda gran final consecutiva después de la del Mundial de Tokio 25. “Pero lo que hace ilusión es que sea Eusebio el que suba al podio, que olvide tantos cuartos puestos”.

Junto a Attaoui también pasó ronda el extremeño David Barroso (1m 45,90s), el atleta que sorprendentemente le derrotó en la final del campeonato de España hace dos semanas. Fue uno más de los momentos duros del exuberante Attaoui, de 24 años, plusmarquista nacional (1m 42,04s) y un mar de dudas y frustración este verano después de un invierno en el que rozó el récord mundial de 1.000 metros en pista cubierta. “Lo he pasado muy mal. Pasé de hacer 3m 31s en los 1.500m en Turku a quedarme clavado en el siguiente 800m… Se me juntaron un virus, una infección, análisis con hierro muy bajo, y la muerte de mi abuelo”, dice el atleta de Torrelavega, que salió muy atrás en su serie pero encontró la dinamita que tanto le gusta a falta de 300m para pasar a seis en la contrarrecta, mandar en la curva y controlar en la recta al inglés Pattison, y, ya garantizada la calificación, no le importó que le adelantara el francés Meziane. “No he querido exhibirme, porque siempre me dicen que me exhibo en las series y llego mal a la final… Pero también hay que clasificarse”.