Se retiró del baloncesto profesional a los 31 años cuando su cabeza dijo basta. Álex Abrines dejó la canasta el pasado verano y apenas ha vuelto a botar un balón. en la que ganó tres Ligas y tres Copas con el Barcelona y un bronce europeo y otro olímpico con la selección, además de la experiencia de jugar tres temporadas en la NBA con Oklahoma. También la prueba de superar una depresión que le llevó a odiar lo que tanto había amado. Hoy, a los 32 años, quien fuera un alero de excelente tiro es un papá que lleva a sus niñas al colegio y ocupa sus ratos libres jugando al golf.
Pregunta. ¿Cómo es su vida ahora?
Respuesta. Hago vida normal de padre con mis dos hijas de cinco y tres años. Un poco de jubilado, entre comillas. Disfruto de lo que no podía disfrutar antes. Tengo tiempo libre para mí y me he aficionado al golf, como mucha gente del baloncesto. Me gusta estar cuatro o cinco horas en la naturaleza, sin pensar en nada. Cada día es diferente y cada vez que pegas a la bola es un reto nuevo. Yo era de los que decía que era aburrido y me ha enganchado.
P. ¿Y seguir ligado al baloncesto?
R. De momento, no. A nivel profesional no me veo, ni entrenador ni asistente. Puede que en el futuro coja algún equipo de niños, pero nada serio. Echo de menos a los compañeros, los ratos que pasábamos juntos en los viajes, pero al baloncesto en sí no lo echo de menos. Lo disfruté 15 años,y no me echaría para atrás.
P. ¿Por qué se retiró con 31 años?
R. Fueron un par de meses de dudas. Me rondaba la idea por la cabeza y sentía que era mi momento, que no me veía jugando mucho más. Podía haber forzado, pero pensaba que a mitad de temporada podía sentir que estaba en un sitio donde no quería estar y tenía que aguantar seis meses así, metido en una rutina de jugador que no deseaba. Hice caso a mi cabeza y mi corazón, y ningún arrepentimiento.
P. ¿Había perdido la ilusión y la motivación?
R. Sí. Yo siempre he tenido ilusión por ganar títulos y competir, pero los últimos años, como capitán del Barça, no fueron bien deportivamente hablando y eso influyó en mi decisión. Era joven, sí, pero no sentía la necesidad de seguir viviendo lo mismo. Por suerte, gané títulos con el Barça y jugué en la NBA y en la selección. Mi sueño estaba cumplido. No hacía falta forzar nada más. Estaba preparado mentalmente para la retirada.
P. “Llegué a odiarte. No te podía ni ver. Me dabas miedo. Solo quería huir de ti”. ¿Cómo lo recuerda?
R. Fue una etapa jodida. Y también de aprendizaje. Pasar por ese momento me hizo disfrutar más los seis años que pasé luego en el Barcelona y verlo todo con más perspectiva. No todo es baloncesto, ganar o perder. Me alegro de haber podido aprender y disfrutar del deporte como cuando era pequeño, cuando es un juego con los amigos y lo pasas bien. Quien no lo vive no lo puede entender. El baloncesto es algo lúdico, pero al ser profesional era mi trabajo, no una afición, y yo acabé odiando mi trabajo como le puede pasar a cualquier persona. Estaba encerrado en una rutina, se encadenaban días malos… todos pasamos por algo parecido, más o menos grave o llevadero. Estaba cansado de mi trabajo, no quería estar ahí. No lo traté a tiempo y se hizo bola. Me bloqueé. Nunca imaginé que podía odiar a la pelota de baloncesto. Llevaba desde los cinco años jugando y me costó aceptarlo.
P. ¿Pensó que no volvería a jugar más?
R. Sí. Yo en ese momento pero gracias a mi familia y a mi gente se quedó un poco abierta. Volví y disfruté de nuevo.
P. ¿Qué siente al ?
R. Me encanta verle feliz. Fui de los primeros en saber lo que le pasaba cuando estaba en la selección, por lo que había vivido yo también. Está disfrutando como yo cuando volví. Cuando él regresó al Barça no estaba preparado para lo que había en ese momento, le afectó y recayó en la enfermedad. Ahora me alegro de verle disfrutar en la Penya, su casa.
P. ¿La élite es más dura de lo que parece?
R. Obviamente. Llegar es difícil, pero mantenerse arriba es mucho más. La gente ve lo bonito, que hacemos lo que nos gusta, ganamos dinero y tenemos fans, pero renunciamos a parte de nuestra adolescencia, la etapa joven, universitaria. Yo lo hablaba con Víctor Sada, pasábamos 180 días al año fuera de casa. Eso son cosas que no se ven. Es tiempo que estás alejado de tu familia. Y el deportista de élite no es irrompible, somos personas normales con un don para hacer algo que se nos da bien. Al ser famosos, estamos mucho más expuestos a la sociedad en general, y si no estás preparado para escuchar según qué cosas, eso te afecta.
P. ¿Qué opina del conflicto entre Euroliga y NBA?
R. Va a ser y la manera de ver el deporte es diferente. En Estados Unidos es una máquina de hacer dinero y aquí hay una base de aficionados, una tradición. Y la cultura del seguidor es diferente. Yo estuve allí tres años y durante la fase regular casi daba igual que perdiéramos; la gente va al espectáculo, a pasárselo bien.
P. El Barça se ha recuperado con Xavi Pascual. ¿Si no defiendes, no juegas?
R. Esa es la base de su estilo. En su primera etapa había partidos que nos metían solo 60 puntos. Hoy el baloncesto ha evolucionado, es más anotador y tiene mucho más ritmo, pero aun así ha bajado los puntos encajados de 90 a 70 con el mismo equipo. Es su filosofía, prepara muy bien los partidos y sabe adaptarse al rival incluso a mitad del encuentro. Propone un plan y, si no sale bien, lo ajusta. Por eso es de los mejores entrenadores de Europa.
P. ¿Ahora qué piensa cuando ve un balón?
R. Pues la verdad, he tocado dos veces el balón desde que me retiré, y una ha sido en un campus. Simplemente, no me siento atraído por volver a jugar, no tengo ese gusanillo por sentirme jugador de baloncesto. Se acabó. Cumplí mi sueño y soy feliz.