Hay algo intacto en esos ojos abiertos y esa mirada limpia que une al niño que debutó en la élite del baloncesto con 14 años y al hombre que sigue deslumbrando con 35. Ricky Rubio conserva la inteligencia para ver jugadas que otros no ven y la pasión por el juego que le ha hecho regresar esta temporada al deporte que ama después de un año parado. El base del Asisa Joventut acabó lanzado la fase regular de la Liga Endesa como el MVP de mayo, curiosamente el primer galardón de su carrera como el jugador más destacado de un mes, y vuela en las eliminatorias por el título. con 23 puntos, cuatro asistencias y la mayor valoración del encuentro, y en el arranque de las semifinales contra el Valencia en el Roig Arena enlazó 22 puntos, 11 asistencias y de nuevo la mejor nota individual del encuentro. Solo el empuje final del conjunto naranja les permitió apuntarse el primer tanto de la serie por un punto (118-117) y Este viernes (20.00, Dazn), segundo envite.
“Hemos sufrido muchísimo defendiendo a Ricky. No queda otra”, se rindió el entrenador local, Pedro Martínez, quien ya en la víspera había avisado de la habilidad del base catalán para ganarse tiros libres por su manejo del “escenario” y su habilidad para usar su cuerpo en los duelos particulares. El Joventut se pone en manos de Ricky cuando la pelota quema. Según los registros de la ACB, una de cada tres jugadas de la Penya termina en las manos de Rubio cuando el director de juego está en pista, en muchas de esas ocasiones con un tiro o asistencia.
Los números hablan de la importancia material de Ricky en el Joventut que dirige Dani Miret. Con 14 puntos y 5,3 asistencias de media en la temporada, ha sido el quinto jugador más valorado de la Liga tras Bozic (Granada), Hezonja (Madrid), Forrest (Baskonia) y Shermadini (Tenerife), el cuarto máximo pasador, el quinto con más recuperaciones y el tercero con más tiros libres. Y como el jugador total que es, se ha destacado como el base de toda la competición con mejor balance defensivo y el sexto entre todas las posiciones. Ricky permite menos de 1,05 puntos por cada posesión, con diferencia el mejor de la Penya en este apartado.
Aunque su ascendencia va mucho más allá de las cifras. Como él mismo resumió después de ganar al Baskonia: “Peleo por algo más que baloncesto”. Ese “algo más” es su liderazgo en el vestuario, su capacidad para hacer mejores a los demás, la identificación con la filosofía de cantera del club y su gancho con la grada. Miret, su técnico, solo cinco años mayor, se rinde a la estrella. Está disfrutando y cuando ve que un joven necesita algo, le ayuda. No solo es un talento generacional, sino que es muy bueno en todo, en el día a día, la relación con los demás... A mí me ha tocado la lotería. Cuando él daba aquí sus primeros pasos, yo estaba en la grada. Hoy cuando le pongo un vídeo, Ricky ve otras cosas. Me enseña que podemos hacer una jugada diferente porque es un genio. Su cabeza es especial. Si quisiera ser entrenador, lo tiene todo, conocimiento y carisma. Para el baloncesto es maravilloso verle sonreír”.