¿A correr? Pues a correr. Los dos equipos arrancaron con la varilla de las revoluciones muy alta. ¿A lanzar triples? Pues a lanzar triples. Hezonja retomó la faena donde la dejó en. Pronto le respondió Badio en un comienzo de poder a poder. Tavares, un imán para el rebote, reclamaba el balón en las zonas interiores aunque la cita se jugara más en posiciones alejadas del aro: Moore y Montero fusilaron a distancia, y también Feliz y Deck. A triplazo limpio. La cita era una delicia para el espectador, mientras Scariolo y Pedro Martínez agitaban sin freno los banquillos y lucían el repertorio de dos plantillas de lujo (20-19 al final de un primer cuarto de mucho ritmo).
Lyles descorchó el segundo tramo después de un rato fuera de foco. Era el último en unirse a este choque de trenes repleto de destellos: una penetración de Maledon, la diana lejana de Reuvers, los palmeos de Garuba... El encuentro seguía avanzando de tres en tres. Triplazo de Maledon, triplazo de Montero. Sin tregua en las transiciones y con un baile constante de rotaciones para conservar esa velocidad de piernas, manos y cabeza. Sako machacó el aro madridista y Deck se ganó el hueco cerca de la red para llevar también el combate al cuerpeo interior. Se esforzaban las defensas pero siempre surgía un golpe de magia, especialmente de un inspirado Montero, autor de canastas de todos los colores. Y no iba a perderse la fiesta Llull, que enchufó el triple número 700 de su carrera en la Euroliga. No uno cualquiera, sino una parábola bellísima casi pisando la banda. Cualquiera lamentó que llegara el descanso y detuviera el espectáculo después de un último arreón blanco desde el perímetro: 51-43.
Si algo le faltaba a Montero, ahí estaba un tapón a Campazzo. Aunque puestos a defender, fue el Madrid quien dio un paso al frente y frenó la anotación del conjunto de Pedro Martínez, bien sujetado. El equipo de Scariolo había subido una marcha, corría a gusto y explotaba la veta del coloso Tavares por dentro y el acierto lejano de Abalde. El Valencia respiró con un par de triples para mantener los puños en alto y evitar un derrapaje definitivo de los blancos. Difícil cuando el Madrid se desata de esa manera. Una jugada dejó bien claro quién mandaba: tapón de Tavares a Key, el gigante de Cabo Verde manda el balón a Campazzo como si fuera un lanzamiento de béisbol y el base argentino pone a volar a Hezonja para el mate del croata. Una triangulación imparable. La rebelión naranja corrió otra vez a cargo de Montero. El dominicano y Moore evitaron una herida mayor (75-65).