Hacía 18 años que el Real Madrid no caía en cuartos de final de la Liga Endesa. Fue en la temporada 2007-08, cuando el Unicaja le eliminó en la misma ronda y el título acabó en manos del Baskonia. Aquella herida tardó en cicatrizar, pero el equipo blanco construyó después una hegemonía casi ininterrumpida. Casi. , que llegaba como octavo clasificado y con más corazón que galones, esa racha se ha roto de golpe y de manera estrepitosa (95-107).
La derrota no es solo un tropiezo puntual. Es el punto final de un año para olvidar. , cayó en la Copa del Rey ante el Baskonia y encajó también la derrota en la Supercopa frente al Valencia Basket. Tres finales, tres derrotas. Y ahora la eliminación en cuartos. No se quedaba sin ningún título desde la temporada 2010-11, pero este curso ha sido distinto: no es que llegara sin opciones, es que estuvo en todas las finales y se fue de vacío en todas.
En la pista, el Tenerife no especuló. Salió a por el partido desde el primer minuto, con una lluvia de triples que dejó helado a un Movistar Arena que esperaba otra cosa. Cinco canastas de tres puntos en los primeros cinco minutos. para mantener al Madrid con vida, pero el conjunto insular tomó el mando del primer cuarto y no lo soltó del todo en ningún momento.
El partido tuvo vaivenes. El Madrid reaccionó con Andrés Feliz y David Kramer, volvió a meterse en el partido y llegó incluso a ponerse por delante a falta del último cuarto gracias al trabajo de Feliz, que provocó la cuarta falta de Abromaitis en el momento más inoportuno para los visitantes. Parecía que la experiencia y la profundidad de la plantilla blanca iban a inclinar la balanza.
No fue así. . El australiano, junto a Kevin Yebo, otro de los fichajes de urgencia del Tenerife tras la baja de Shermadini, y Marcelinho Huertas, desataron un último cuarto de otro planeta. 37 puntos en 10 minutos. Un triple de Huertas, otro de Mills. La ventaja se fue a 10 con cuatro minutos por jugar y el Madrid ya no tuvo respuesta.
Las cifras finales hablan por sí solas: 29 puntos de Mills, 23 de Huertas, 22 de Yebo. Tres jugadores en modo estratosférico ante un equipo que se suponía uno de los candidatos al título. Hezonja firmó 22 para los blancos y Feliz añadió 16, pero no fue suficiente.
Mientras el Madrid recogía los muebles en la capital, en Murcia se escribía el otro capítulo de la jornada. , llegó al Palacio de los Deportes con la determinación de quien sabe que no habrá otra oportunidad. El técnico catalán lo llamó su “último baile” y sus jugadores parecían dispuestos a que terminara con música.
Porque Pascual lleva años construyendo algo en Barcelona que nunca ha terminado de cerrarse con un título. Su primera etapa acabó sin el broche soñado. Volvió con la misión de rematar lo que dejó a medias y el tiempo se le acaba. Eso se nota en la pista. Se notó en Murcia, donde el Barça no especuló, no administró, no esperó. Salió a resolver y lo hizo con una claridad que hacía tiempo que no mostraba.
, no tuvo un día para recordar. La baja de DeJulius pesó demasiado. Laprovittola rompió el partido antes del descanso con un parcial de 2-16 que dejó a los locales sin oxígeno, y desde ahí el Barça no necesitó más argumentos. El 76-100 final no deja lugar a interpretaciones.
Lo más significativo del partido azulgrana no fue el resultado. Fue el estado de forma de Laprovittola, el mejor en meses según reconocen desde dentro del club. El argentino es el tipo de jugador que en una eliminatoria corta puede cambiar una serie él solo. Cuando está así, con confianza y con el acierto acompañando, el Barça es un equipo diferente. Más impredecible, más peligroso. Y Pascual lo sabe. Por eso el “último baile” sigue vivo. Por eso hay razones para creer que puede terminar con el título que busca desde hace casi tres temporadas.
Las semifinales enfrentarán al Barça con La Laguna Tenerife, los dos equipos que han protagonizado las dos grandes noticias de estos cuartos. El baloncesto español se despierta sin sus dos clubes más poderosos en el mismo lado del cuadro y con la sensación de que este playoff puede deparar algo que no se había visto en mucho tiempo. Para el Madrid, en cambio, solo queda el silencio y la obligación de explicar cómo se llegó hasta aquí.