Jalen Brunson, el rey de Nueva York que muy pocos vieron venir

Para entender cómo ha llegado Jalen Brunson hasta la cumbre, solo basta echar un vistazo a sus zapatillas. El nuevo rey de Nueva York, líder de los Knicks que han desatado el furor en Manhattan y enamorado al mundo del baloncesto con su primer título de la NBA en más de cinco décadas, solo viste la línea personalizada de Kobe Bryant, el icono del baloncesto y el deporte mundial al que atletas de todas las especialidades y niveles recurren para inspirarse en el arte de la ‘mentalidad mamba’, la disciplina y autoexigencia llevada a otro nivel.

Brunson era todavía un adolescente cuando conoció a Bryant y este le regaló un par que no iba a usar. El obsequio estuvo acompañado de una frase que terminó de moldear el espíritu de uno de los jugadores más durosde la actualidad: “¿Para qué trabajar si no quieres ser el mejor?” Pura coincidencia, ambos calzaban el mismo número y el chaval se lució con ellas días después en el instituto.

La actitud obsesiva e inquebrantable del base de 29 años y 1,88 metros han impulsado al jugador hasta el anillo y el premio al MVP de las Finales de la NBA después de una vida donde muchos le dijeron que jamás sería un jugador profesional, jamás de los jamases una superestrella. “Lo he dicho mil veces y espero que ahora me hagan caso. Es un auténtico número uno”, subrayaba su entrenador tras la victoria definitiva frente a los San Antonio Spurs del alienígena Victor Wembanyama, devuelto a la tierra en la eliminatoria.

Fue Rick, el padre de la criatura, antiguo jornalero de la NBA en nueve franquicias distintas y ahora técnico asistente de Mike Brown en Nueva York, quien le mostró el camino hasta la excelencia. “No quiero que vivas como yo he vivido, si realmente quieres ser jugador profesional, escucha lo que te digo”, le espetó su progenitor en 2006, cuando acababa de ser cortado por los Philadelphia 76ers a días del inicio de la temporada, poniendopunto final a su trayectoria profesional y viendo como su hijo lloraba por él al encajar la noticia.

Los inclementes métodos de su padre provocaron más de una riña familiar, con deberes extraescolares que giraban en torno a la pelota: 100 bandejas con la mano derecha, otras 100 con la izquierda, dar la vuelta a la manzana botando dos balones… Las peores broncas llegaban cuando el chaval abusaba en los partidos de su prodigiosa capacidad anotadora: también tenía que aprender a pasar el balón y repartir juego o nunca iría a ningún sitio.

Hoy, el base es el primer atleta masculino en todo el mundo en defender el legado del fallecido Bryant a través de su marca, una elección a dedo de sus herederos. “El trabajo ha terminado”, escribía Vanessa, la viuda del exjugador, parafraseando una célebre frase suya. La exhibición de Brunson en el quinto y definitivo partido de la final, con 45 puntos, igualó un registro de un tal Michael Jordan en su último baile con los Chicago Bulls en unas Finales que fueron las más vistas desde 1998, precisamente las últimas para el dorsal 23.

“Juega con una mirada estoica, desagradable”, cuenta sobre el flamante rey de Nueva York su exentrenador universitario, Jay Wright. Con los Villanova Wildcats, Brunson logró dos títulos universitarios en tres temporadas, y a pesar de su palmarés no fue elegido en primera ronda del Draft. Fue el número 33 del 2018, un regalo para unos Dallas Mavericks que vieron en él un potencial oculto en las estadísticas. “Oro en polvo. Simplemente consigue la victoria”, les decía a sus compañeros un ojeador. En su primera temporada en la NBA, el base volvió temblar cuando se topó con la otra elección de la franquicia: Luka Doncic. “Ver cómo lo hacía todo tan fácilhizo que realmente dudara de mí. Yo tenía que hacer tanto trabajo para estar en la misma posición”, reconoció el estadounidense, que sin embargo bajo la cabeza y se convirtió en la mejor pareja de baile del astro esloveno, que el otro día le mandó un mensaje de felicitación por el anillo.

En junio incorporó a Rick como entrenador asistente, y un mes más tarde había convencido a Jalen en el mercado estival para que firmara por cuatro años y 105 millones de dólares, un monto que por aquel entonces muchos analistas y compañeros de profesión tildaron de excesivo. “Nunca respondí a los críticos entonces y sin duda no lo haré ahora”, decía Brunson mientras el champán aún goteaba por su rostro la semana pasada.“Él entiende como nadie lo que necesitas para ganar, y su juego está fuera de cualquier gráfico estadístico”, subrayaba su entrenador.

Su estilo de liderazgo terminó de fortificarse y visibilizarse cuando aceptó una renovación con Nueva York en 2024 por 100 millones de dólares menos de lo estipulado en el convenio para un jugador All-Star de suscaracterísticas. Esa decisión otorgó mayor flexibilidad al equipo, que pudo fichar a Karl-Anthony Towns, la última pieza del puzle que les ha llevado a la gloria infinita en la Gran Manzana. Ese curso fue nombrado capitán.

“En esta ciudad, no solo importa lo que logras, sino cómo lo haces. ¿Lo diste todo cada vez que entraste a pista? Por fortuna, así lo ha hecho siempre Jalen. Solo debe seguir siendo él mismo”, comentaba entonces el expívot Patrick Ewing, uno de los ilustres de la franquicia. Estos Knicks ya son eternos y Brunson, el nuevo rey irrefutable de Nueva York.