Decían algunos neoyorquinos que si los Knicks perdían el primer partido de las Finales de la NBA en disputarse en Nueva York en 27 años, la culpa sería del presidente de Estados Unidos. D de la final de la liga de baloncesto de este lunes, convirtiéndose en el primer mandatario de EE UU en ejercicio del cargo en hacerlo, y los Spurs de San Antonio vencieron (115-111) a los Knicks para acabar con una racha histórica de 13 victorias seguidas y forzar, al menos, un quinto partido en la serie que hasta esta noche dominaba el equipo de Mike Brown, con una ventaja de dos a cero.
Para los Spurs, este partido era de vida o muerte. Ningún equipo en la historia de la NBA ha ganado una final tras caer tres a cero ante su rival. Y el cuadro de Mitch Johnson lo dio todo en la línea en un partido altamente físico. Los Knicks, por su parte, se mostraron descuidados tanto en defensa como en ataque, con un Jalen Brunson desconcertado y abrumado, que, aunque sumó 32 puntos a la causa neoyorquina, provocó varias dolorosas pérdidas de balón (cinco) que acabaron pasando factura.
Los Spurs lideraron el marcador durante casi toda la primera mitad y llegaron a tener una ventaja de 12 puntos. Sin embargo, la esperanza neoyorquina despertó con la ofensiva de OG Anunoby, que sumó 17 puntos y ayudó al equipo de la casa a llegar al descanso con una ventaja de 7 puntos. En esa racha también lució Josh Hart, que aportó 13 para los locales, y Brunson, ambos con triples seguidos para acabar la primera parte 64-57. En el segundo cuarto, los Knicks anotaron 42 puntos, empatando la tercera mayor cantidad de puntos anotados en cualquier cuarto de un partido de las Finales de la NBA desde que la liga registra los datos jugada por jugada.
El tercer cuarto inició con un toma y dame, pero los Spurs pronto tomaron la delantera para deshacerse de cualquier avance neoyorquino. El equipo superó a los Knicks por 35 a 27, gracias a jugadores como el novato Dylan Harper, que saliendo del banco aportó 13 puntos y 9 rebotes.
Durante el último cuarto, el ambiente en Nueva York era visiblemente tenso. Entre faltas y jugadas disputadas, los Spurs fueron consolidando su ventaja sobre los Knicks, que lucían cada vez más caóticos. Brunson logró anotar un triple a 33,7 segundos del final, pero De’Aaron Fox (12 puntos) respondió con un tiro en suspensión tras dar un paso atrás restando 12,2 segundos. Un triple de Anunoby desde la esquina a 9,4 segundos puso el marcador en 113-111, todavía a favor de los Spurs, y Castle cementó la victoria de su equipo con dos tiros libres.
Además de Trump, y como ya es costumbre en el Madison Square Garden, la primera fila del estadio estuvo repleta de famosos, entre los que destacaron los habituales y fans devotos de los Knicks, el cineasta y director Spike Lee (vistiendo una camiseta del equipo firmada por el papa León), los actores Timothée Chalamet y Ben Stiller y el rapero Fat Joe. Al encuentro también asistieron grandes nombres de la NBA, como Walt Frazier, con quien los Knicks ganaron sus únicos campeonatos, en 1970 y 1973.
Tras la derrota del equipo local este lunes, se echaban de menos los gritos de los fanáticos que han dominado todas las noches de juegos durante varias semanas. Los miles de personas que se congregaron en las calles de la principal ciudad de Estados Unidos, parques, plazas, restaurantes, bares, iglesias y hasta funerarias, se llevaron una decepción que no esperaban. Pero los fanáticos de este equipo saben lo que es perder, y no pierden la fe.