Ganar, al fin, el campeonato del mundo de bici de montaña es “uno de los grandes objetivos de la temporada”, aclara Mathieu van der Poel. Se trata de un sueño recurrente, anhelado. Y su reto le obliga a correr contra sus limitaciones y a pegarse con los jóvenes insolentes que no le respetan y que dominan la especialidad de cross country (XCO). Frente a su ambición, la de los nuevos dominadores de una especialidad que le niegan su sueño de coleccionar el último maillot arcoíris que desea y quiere colgar en casa junto al de ruta, y el de gravel. Los mundiales de mountain bike se celebran el próximo fin de semana en Val di Sole (Italia), pero este domingo, en Les Gets (Francia) Van der Poel ha encontrado razones para creer, de verdad, que el sueño está en sus manos.
El neerlandés pasa por ser uno de los ciclistas más hábiles en carretera y en ciclocross, por algo creció perfeccionando su técnica en el bosque y en la arena, aprendiendo a controlar y dar velocidad a su bicicleta en terrenos pegajosos. Pero la bici de montaña moderna, el XCO nacido para la televisión y los Juegos, es una actividad tan sumamente especializada , porque el resto, criados desde niños en estos circuitos, son mejores bajando. La élite del XCO descansa en los descensos, por muy técnicos y comprometidos que sean. Mathieu aún no ha logrado alcanzar esa paz, y a ratos baja peleándose con su bici, las raíces, las rocas y la tierra suelta.
El viernes, en la prueba corta o short track que tuvo que disputar para no salir el último hoy, estuvo a punto de firmar un sainete. Tratando de superar un tramo de rocas, su mano izquierda resbaló del manillar y vio muy de cerca la caída. Fue un dèja vu, puesto que sonadas han sido sus bofetadas y enganchones estos últimos años tratando de recuperar el tiempo perdido. Al menos este domingo, en la prueba larga, vistió unos guantes, salió bien, encontró su sitio en cabeza y empezó a aprenderse bien cada metro de los descensos, el lugar donde puede perder y ha perdido, la carrera: segundo tras Adrien Boichis. El francés no pudo soltarle en las subidas, , esquivando árboles, esquivando también lo que hubiera sido un batacazo monumental. Van der Poel tiró de freno, pero ofreció señales positivas: no en vano se ha dedicado a recuperar automatismos tras el Tour, entrenándose con su mountain bike, buscando recuperar automatismos y referencias a marchas forzadas.
Van der Poel, que no ha ganado una prueba de la Copa del Mundo de XCO desde hace siete años, puede soñar con ganar el Mundial. Pero sus carencias bajando pueden arruinar su empeño. En Les Gets estuvo a la altura, mejorando su precisión vuelta tras vuelta, siendo casi siempre capaz de seguir la estela de los más rápidos bajando. Pero si alguna conclusión puede sacar de la cita francesa es que deberá llegar solo y bien destacado a la hora de afrontar el último descenso en Val di Sole. Por si acaso.
En el pelotón de cinco que se escapó al poco de empezar la prueba, Van der Poel era el veterano (31 años), aguantando los cambios de ritmo a relevos de los dos dominadores del circuito en 2026: Adrien Boichis (23 años) y Luca Martin (24). También aguantaron casi hasta el final Martín Vidaurre (26) y Simone Avondetto (26) antes de explotar en la última vuelta.
La presente campaña no solo despedirá equipos sino referentes del XCO femenino como Anne Tepstra (35 años), del equipo Lapierre o Rebecca Henderson, de 34, que dará el salto a la carretera tras correr las últimas temporadas en el Orbea Fox Factory. Ambas explican su despedida señalando cierto “aburrimiento”: los mismos circuitos se suceden casi cada año. Ninguna de las dos está ya en disposición de interponerse en el camino de las dos grandes estrellas del circuito: Sina Frei, vencedora hoy, y Jenny Rissveds, segunda. Mientras el XCO se replantea su futuro buscando el mayor espectáculo posible, la llegada de Van der Poel sigue siendo el verdadero acontecimiento para mejorar las audiencias.