A Matthew Brennan, con 21 añitos y participante por primera vez en una grande, parece quedársele pequeña incluso la Vuelta a España. , sprinter sin igual, tres etapas en el zurrón que no son cuatro porque en la jornada anterior el equipo quiso respetar los galones y designó a Van Aert para el sprint final, ciclista sin el turbo suficiente hasta el momento. Corregida la hoja de ruta, Brennan volvió de estilete y no falló, de nuevo arrebatador, el más rápido del pelotón, atrápame si puedes.
Lanzar una fuga de inicio en un día así, llano y solo con un puerto de montaña de tercera categoría, era una quimera, un auténtico brindis al sol. Pero se puso el semáforo en verde y Novak (UAE), Hayter (Soudal), Covi (Jayco) y Sinuhé Fernández (Burgos) llevaron la contraria a toda lógica, habituales sospechosos, pretendientes a la combatividad: salieron escopeteados, una fuga como aperitivo. Sucedió, sin embargo, que Visma y Cofidis, jornaleros frecuentes en las etapas llanas, . No dejaron más de 1m30s de ventaja y en una de esas rectas infinitas, donde el viento azota y provoca estragos, donde el pelotón se partió en dos con un abanico, los fagocitaron. Hubo más atrevidos que quisieron dejar su huella, exhibir al patrocinador, kilómetros en solitario. Pero no había bandera blanca y se llegó al puerto del día con todos de la mano.
Sometido el pelotón al paso del Visma, que no quería repetir el despiste y sesteo de la jornada anterior, no pasó nada de nada, todo en orden y Brennan relamiéndose. Quedaban 15 kilómetros a toda mecha, además del arreón final. Ese en el que Cofidis e Ineos quisieron tomar la delantera; ese en el que Aular, Hofstetter, Magnus Cort y Tronchon asomaron la cabeza; ese en el que Coquard y Meeus completaron el podio; ese en el que Brennan explicó una vez más que cuando arranca no hay quien le eche el lazo. en su defensa del maillot rojo.
Respondió Mas a las mil maravillas en su estreno de líder tras el adiós de Pogacar, . Pero tiene el aliento de los rivales en el cogote y queda mucha tralla por delante. Hoy, de Vera al Calar Alto con cinco puertos, los dos últimos de primera, 30 kilómetros de ascensión, pendientes del 18%, piernas, para qué os quiero. El sábado estará la ascensión a la Sierra de Panadera (Jaén), terrible muro; y después llegará la contrarreloj, 32 kilómetros de incertidumbre para el español, que nunca encontró en la lucha contra el crono un alivio, en jaque ante Roglic, especialista en la modalidad. Y restarán otras dos pruebas de fuego, dos riscos más. El viernes 11, Peñas Blancas, casi 20 kilómetros de sufrimiento, y el sábado, penúltima etapa y probable juez de la ronda, tres puertos de primera más el Collado del Alguacil, hors catégorie [categoría especial], pendientes del 22%. Mucho por explorar y defender, mucho por correr, mucho por disfrutar. Vienen curvas y Mas tiene la palabra.