Se acabaron las etiquetas de conservador, de rácano en carrera, de calculador. Enric Mas, el Popeye de esta Vuelta , decidió lanzar un ataque a 11 kilómetros de meta y dejó petrificados a los pocos que seguían en pie, ritmo endiablado, ascenso de campeón y minutada reparadora, también cojín para una crono que está por llegar, su posible talón de Aquiles. Un triunfo porque Movistar explicó que no está para gobernar la carrera sino para catapultar a su jefe, que tanto le dan las peleas orbitales al maillot rojo. Y la jugada les salió redonda: Mas más líder,. El del día, en cualquier caso, se lo llevó el esloveno Jakob Omzrel (Bahrain), debutante en una grande, campeón del Giro amateur el curso anterior, la constatación de que los jóvenes tienen prisa y, sobre todo, piernas. Le bastó meterse en la fuga buena y, ya en el último risco, gritar a los cuatro vientos que tiene motor para rato, que de ser el décimo en la general pasó a sexto.
Desde el principio, ya en el Alto de Cabecico, fueron muchos los ataques porque la jornada, si Movistar no estaba por la labor de tener controlada toda la carrera, sería propicia para una fuga, orografía sinuosa y escarpada, montaña rusa, barbecho para la gesta. Así, tras numerosas intentonas diluidas, ya a las faldas del segundo puerto, Alto de Cóbdar, 27 corredores cantaron bingo.
No replicó Movistar, Poncio Pilatos en esa guerra, desinteresado en ser el cacique de la carrera, lejos de ser el gallo del pelotón, solo preocupado por el maillot de Mas. En la escapada había corredores de relumbrón, caso de Van Aert, Almeida, Castrillo, Johannessen, Berrade y, sobre todo, Omzrel. Muchos ciclistas que levantaban la mano, ya conscientes, todavía con 100 kilómetros por delante, de que sería la fuga buena, toda vez que los minutos de ventaja se acumulaban, seis en el ecuador de la carrera; siete cuando comenzaba el Alto de Velefique; pero cinco y medio en la cima… Una merma que llegó de la voluntad y locura de Carapaz, que volvió a sacar el traje de diablo, un ataque supersónico, una arrancada que dejó huella en el asfalto. Pero todo se quedó en un hasta pronto porque los aspirantes al cetro ya no darían más concesiones, . Como Omrzel, que, ya en la última montaña, puso el turbo para enseñar la matrícula al resto, autopista hacia la gloria.
Tiró entonces Decathlon como ya es habitual en esta Vuelta, ocupado el equipo en lanzar a Gall, ritmo eléctrico de difícil digestión. Un mordisco a las aspiraciones de Kuss, Skejlmose y Onley (se pegó un batacazo al inicio de la etapa), que perdieron la cuerda, un tormento para los demás y, de paso, la selección natural del más fuerte, pues ya solo podían seguirles Carapaz, Roglic y Mas, feliz por el achicharrante calor, ya que no hace tanto pidió en broma que pusieran estufas en las carreteras, .
Mas: “Poco a poco me lo voy creyendo”
Encontró Mas en la última subida la ayuda de su compañero Raúl García Pierna, corredor de la fuga que aguardó para llevarle en volandas... poco tiempo. “Me hubiese gustado ayudarle más, pero él estaba muy fuerte y yo pensaba llegar con más fuerzas”, esgrimió; “pero el equipo hace lo que puede y estamos muy bien”. Eso apreció Mas: “Hemos dado una imagen de equipo sólido y con ganas. Bien, poco a poco, porque el objetivo es disfrutar del ‘maillot’ rojo ”. Les queda menos, una crono y tres etapas de montaña.
A escasos metros, enseñando su ristra de dientes, habló Omrzel, la revelación de la Vuelta, toda una exhibición la suya: “No estoy muy sorprendido de haber ganado porque he trabajado mucho para esto. No sabía cuándo sería y era difícil que ocurriera en la primera gran vuelta, pero me he sentido muy bien todo el día y al equipo le han salido las cosas muy bien, parecía que estuviéramos jugando a la PlayStation”. Pero era la vida real y su gallardía le aupó al sexto puesto, uno en el que ya no le dejarán meterse en más fugas. No se sabe si será Movistar, que no parece preocupado por esas refriegas, pero el que seguro que lo intentará es Mas. “Bueno, vamos a ir poco a poco”, reivindicó otra vez. Pero sus piernas dictan lo contrario.