será mejor que el chico se esconda y se prepare para lo peor, porque ni en el más optimista de sus planteamientos hubiera dado con un arranque de campeonato tan a favor como el que ha tenido hasta ahora. El muchacho tiene duende y así lo identificó Toto Wolff, que ejerce a las veces de tutor y de jefe de este adolescente de Bolonia que ha puesto la Fórmula 1 patas arriba y ha mandado al diván a George Russell, su compañero en Mercedes y quien debía tirar del carro. Llegado el momento de la verdad, Antonelli ha exhibido un nivel que nadie imaginaba en alguien que afronta su segunda temporada en un certamen en el que los cuchillos vuelan casi más rápido que los monoplazas.
El podio lo completaron Lewis Hamilton (segundo) y Isack Hadjar (tercero), que condujo todo el tiempo con un nudo en el estómago al pensar que el propulsor de su bólido iba a explotar en cualquier momento. Fernando Alonso concluyó undécimo, pero ganó una posición tras la conclusión, pues el mexicano Sergio Pérez recibió una penalización de 10 segundos por una infracción en la salida. Carlos Sainz abandonó después de la reanudación, al ser empujado contra la barrera.
El gran premio más representativo de todos ofreció el espectáculo que busca Liberty Media, con una neutralización y dos arranques desde la parrilla, múltiples accidentes e incontables penalizaciones. En definitiva, un panorama que atenazaría a cualquiera que no sea Antonelli, que se lo pasó bomba y dominó la escena como solo podría hacerlo un prodigio. En un momento de mucho ruido por los cambios que se le han aplicado a la normativa, la suerte para quien la quiera ver pasa por la coincidencia de fenómenos como Antonelli, Verstappen o Hamilton.