Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, proyecta transformar la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes en algo parecido a sociedades anónimas, compañías cuyo capital se repartiría entre inversores privados y federaciones nacionales. El plan permitiría a Infantino, en particular, ganar decenas de millones de euros, . El diseño de la privatización parcial del Mundial se realizó en colaboración con personalidades muy próximas al presidente estadounidense, Donald Trump, anfitrión de la última Copa del Mundo.
La noticia causó alarma en el fútbol europeo. La UEFA, el órgano rector de las competiciones de Europa, emitió un comunicado inmediatamente. “Esto traspasa una línea que las instituciones que regulan el fútbol nunca deberían cruzar”, señaló la nota del órgano que preside Alexander Ceferin, y en cuyo comité ejecutivo se sienta Javier Tebas, el presidente de la Liga española. “La UEFA se lo toma muy en serio [al plan de Infantino]. Lo mismo deberían hacer todas las federaciones nacionales de fútbol. Y lo mismo deberían hacer todas las partes interesadas: ligas, clubes, jugadores, aficionados, gobiernos y todos aquellos a quienes les preocupe el futuro de este deporte”.
Mediante la apelación a los “gobiernos”, el regulador del fútbol europeo invoca a la Comisión Europea, según los expertos, . El enfrentamiento que se gesta entre la FIFA y la UEFA desde hace años no para de inflamarse. El escándalo suscitado por la injerencia de Donald Trump en el Comité de Disciplina de la FIFA durante el Mundial, el llamado caso Balogun, desató un estallido de críticas a la gestión de Infantino y abrió las hostilidades de la UEFA.
“El alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar”, concluye el comunicado de la UEFA, “especialmente con cero transparencia sobre quién se beneficia económicamente. Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”.
The Times explica que Infantino, de 56 años, pretende constituir una compañía que gestione los derechos de la Copa del Mundo. Un 20% del capital accionarial se repartiría entre las 211 federaciones nacionales miembro, mientras que una porción cercana al 30% se vendería a inversores privados. A cada federación se le asignaría, según estimaciones, un paquete de acciones por valor de unos 20 millones de dólares. Infantino, que si es reelegido en 2027 acabaría su mandato en 2031, se convertiría en CEO, o comisionado. El salario que cobraría este cargo no ha sido aclarado, pero las personas que conocen el esquema aseguran que se equipararía al salario del comisionado de la NFL, Roger Goodell, que gana unos 64 millones de dólares al año. Diez veces más de lo que ingresó Infantino en el último año fiscal.
Jamie Raskin, miembro principal del partido Demócrata en el Comité Judicial del Congreso, lanzó un ataque contra el acuerdo en declaraciones a Politico: “La FIFA, el el tinglado corrupto favorito de Donald Trump en el mundo de los deportes, ¡ahora emprende negocios directamente con la familia de Trump!. Aparentemente, el falso Premio de la Paz no fue suficiente, ahora Infantino interpreta un hat trick al revés mediante la persecución de un acuerdo de miles de millones de dólares con el hermano de Jared Kushner para vender la Copa del Mundo a inversores privados".
“Expandir el desarrollo del fútbol con 10.000 millones de dólares”
La FIFA reaccionó este martes a la exclusiva de The Times mediante la publicación deLo presentó con un titular dirigido a los funcionarios que manejan las 221 federaciones nacionales en todo el mundo, a los que les prometió mucho dinero: “La FIFA procura expandir el desarrollo del fútbol con 10.000 millones de dólares, si lo aprueban las federaciones nacionales”.
El informe oficial indica que la financiación se articularía mediante la creación de una empresa llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), compañía controlada por la FIFA, de la que sería subsidiaria. Si esto es cierto, la FFE, que según la FIFA “gestionaría las operaciones comerciales y la organización de eventos”, vaciaría de contenido a la matriz, cuya función principal ha consistido en organizar el Mundial y gestionar las operaciones comerciales derivadas. El informe añade: “La FIFA retendría el control exclusivo de la FFE y sería la única autoridad de gobierno del fútbol, las competiciones, el calendario, y las decisiones regulatorias y deportivas”.
El informe añade que la FFE ingresaría más de 4.000 millones de dólares a finales de 2026 mediante “una valoración de activos iniciales de 20.000 millones de dólares realizada por inversores de largo plazo cuidadosamente elegidos que adquirirían una minoría de las acciones, sin capacidad para controlar la FFE, y todos los beneficios se invertirán en todo el planeta fútbol”. El texto termina recordando que la organización que preside Infantino respeta “absolutamente” los principios de “gobernanza democrática”, y que el plan se someterá a la aprobación de los miembros a través del Consejo de la FIFA.
Las personas involucradas en las negociaciones señalaron a The Times que los inversores interesados hablaban de “comprar la FIFA”. El plan de Infantino, según fuentes próximas a la FIFA, consiste en vender entre un 20% y un 30% del capital de la nueva empresa a inversores privados y traspasar otro 20% a las 221 federaciones nacionales. Las 221 federaciones nacionales, que jurídicamente son las propietarias de la FIFA, resultan imprescindibles para asegurar la aprobación del proyecto. Los 20 millones de dólares que promete Infantino a cada federación son una cantidad muy relevante. El presupuesto anual de la mayoría de las 221 federaciones miembro no pasa de los 10 millones de dólares.