La crisis de la federación italiana de fútbol ha derivado en un auténtico vodevil. Después de la accidentada búsqueda de un nuevo seleccionador, , se abre una nueva fase de turbulencias, con la dimisión de Paolo Maldini, director técnico y su colaborador Leonardo, apenas un par de semanas después de llegar al cargo. A falta de oficialidad, los principales medios italianos lo daban por hecho a última hora de la tarde del lunes, después de una jornada convulsa para el calcio.
“No me sorprenden las dimisiones. Ya se veía venir. Maldini había elegido a Pirlo, pero este no será el seleccionador. Lo lamento porque Maldini era una gran elección, una persona de gran valía. ”, señaló Ezio Maria Simonelli, presidente de la Liga de la Serie A, que aseguró que se había enterado por la prensa de la salida del director técnico y de su colaborador.
Ahora queda en manos del presidente de la federación, Giovanni Malagò, la reconstrucción de un proyecto que no deja de acumular contratiempos. La federación italiana de fútbol (FIGC) se encuentra ahora en la insólita situación de tener que buscar no solo un nuevo seleccionador para la ‘Azzurra’, una selección tetracampeona del mundo en sus horas más bajas, sino también un nuevo director técnico.
Todo se precipitó el lunes con el frustrado nombramiento de Pirlo como seleccionador, un nuevo revés en un proceso de elección que ya se había convertido en una auténtica carrera de obstáculos.
El excentrocampista del Milan y la Juventus, considerado el gran favorito para suceder a Gennaro Gattuso, renunció a su candidatura tras la fuerte polémica que se generó en el país transalpino durante el fin de semana por su papel como embajador global de la empresa rusa de apuestas Fonbet, una relación que según puntualizó el exjugador “es exclusivamente de índole comercial y deportiva” y que “no tiene relevancia política”., Giovanni Malagò, decidió frenar el nombramiento ante el creciente rechazo político e institucional que había suscitado.
Pocas horas después, los principales medios italianos informaron de que Maldini y Leonardo habían comunicado a Malagò su decisión de abandonar la federación, poniendo fin a una etapa que apenas había comenzado.
Malagò asumió la presidencia de la FIGC a finales de junio, tras la dimisión de Gabriele Gravina, con el encargo de reconstruir una selección inmersa en una profunda crisis deportiva después de encadenar tres ausencias consecutivas en los Mundiales. Uno de sus primeros movimientos fue nombrar a principios de julio a Paolo Maldini como director técnico de la federación y al brasileño Leonardo como asesor, con el objetivo de liderar la renovación del proyecto deportivo de la Azzurra.
La elección de Maldini fue recibida con entusiasmo. Considerado uno de los mejores defensas de la historia del fútbol, el excapitán del Milan había cosechado un notable prestigio como dirigente durante su etapa en el club rossonero, donde desempeñó un papel decisivo en la construcción del equipo que conquistó la Serie A en 2022 y alcanzó las semifinales de la Liga de Campeones un año después.
Con Leonardo formaba un tándem perfecto llamado a devolver estabilidad y prestigio a la federación y que durante unos días logró ilusionar a los seguidores del calcio. El exjugador brasileño también acumula una amplia experiencia en los despachos tras ejercer como entrenador y director deportivo del Milan y del París Saint-Germain.
Sin embargo, el proyecto apenas ha durado poco más de un par de semanas. El fracaso de la apuesta por Pirlo y el choque con Malagò sobre la gestión del proceso han precipitado la ruptura, dejando a la federación inmersa en un nuevo periodo de incertidumbre. A la búsqueda de un seleccionador se suma ahora la necesidad de encontrar un nuevo responsable para dirigir el área técnica y deportiva de la ‘Azzurra’, en un momento especialmente delicado para el fútbol italiano.
Y el tiempo apremia. Si la situación ya era crítica sin seleccionador a pocas semanas del inicio de la Liga de Naciones, donde la selección italiana deberá medirse a Turquía, Bélgica y Francia, ahora se entra en una dimensión desconocida.
El terremoto que atraviesa la federación amenaza ahora con dejar descabezada la reconstrucción de la ‘Azzurra’. El episodio añade un nuevo capítulo a la crisis deportiva e institucional que atraviesa el fútbol italiano, inmerso desde hace semanas en la búsqueda de un técnico capaz de liderar el proyecto con el objetivo de devolver a la selección a la élite internacional tras los últimos tropiezos.
, la candidatura de Andrea Pirlo parecía la opción más sólida. “Se firmará el lunes; el fin de semana están todos en la playa”, pronosticaban los periódicos locales el pasado viernes. Pero el lunes no llegó la firma, sino un nuevo giro de guion.
La vía de Pirlo también ha acabado naufragando por la polémica que ha levantado su papel como embajador de una casa de apuestas rusa, para buscar a un técnico cuando faltan pocas semanas para el inicio de la Liga de Naciones.
El lunes el excentrocampista italiano anunció en sus redes sociales que ha dejado de ser candidato para dirigir a la Azzurra, después de que su candidatura quedara cuestionada por su vínculo con Fonbet, una casa de apuestas rusa de la que es embajador. Pirlo ha explicado que fue informado la noche anterior de que ya no optaba al puesto y lamentó la polémica generada en torno a su nombre. El exinternacional defendió que su colaboración con la plataforma de apuestas tiene un carácter “exclusivamente comercial y deportivo” y rechazó que se le atribuyan posiciones políticas por ese vínculo. También agradeció el respaldo recibido por parte del director técnico de la Federación, Paolo Maldini, y del asesor Leonardo.
La candidatura de Pirlo se había visto seriamente comprometida en los últimos días tras las críticas de varios dirigentes políticos e institucionales por su relación con la empresa rusa, en un contexto marcado por la guerra de Ucrania. Pirlo tiene 47 años y fue un futbolista de gran nivel, también en la selección nacional, aunque como entrenador no ha obtenido resultados destacados. Se le ha criticado por promocionar una marca de apuestas, algo que, en realidad, es muy habitual en el fútbol, pero sobre todo por promocionar una empresa rusa. La controversia llevó finalmente a la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) a dar marcha atrás antes de que el nombramiento pudiera formalizarse.
Tras un fin de semana de polémica por su posible nombramiento, Pirlo rompió el silencio durante la madrugada del lunes con un mensaje en Instagram en el que defendió su trayectoria profesional. “Por respeto a las instituciones, a la Federación y a todas las personas implicadas, hasta ahora he optado por guardar silencio, pero tras enterarme ayer por la noche de que ya no soy candidato al puesto de seleccionador de la selección italiana, considero que es mi deber aclarar algunos aspectos”, escribió Pirlo, actual entrenador del United FC Dubai. Y añadió: “A lo largo de mi carrera, primero como futbolista y ahora como entrenador, siempre he llevado a cabo mis actividades cumpliendo estrictamente con las leyes de los países en los que he trabajado y los contratos que he firmado”, escribió. También confesó que la polvareda que se ha levantado le ha afectado personalmente: “En los últimos días he seguido con gran amargura el debate que se ha generado en torno a mi nombre y a la posibilidad de ocupar el cargo de seleccionador de la selección italiana”.
Pirlo quiso aclarar que “la colaboración profesional que recientemente ha generado controversia” nació durante su etapa en los Emiratos Árabes Unidos y “es exclusivamente de índole comercial y deportiva”. En ese sentido, subrayó que “atribuirle un significado político a esta colaboración implica atribuirme creencias que nunca he expresado y que no son mías”. Asimismo, insistió en que ese acuerdo “no tiene relevancia política” y reivindicó que “el amor por Italia no depende de un cargo”. El excentrocampista también agradeció públicamente el apoyo recibido por parte de Paolo Maldini, director técnico de la federación italiana de fútbol y su asesor, Leonardo.
La controversia gira en torno a su papel como embajador global de Fonbet, la principal empresa de apuestas de Rusia. Según varios medios italianos, las críticas se centran en que uno de los principales accionistas de la compañía es el oligarca ruso Sergey Lomakin, presidente y propietario del United FC, el club de la segunda división de los Emiratos Árabes Unidos al que Pirlo entrenó la pasada temporada y con el que logró el ascenso.
El revuelo comenzó a finales de mayo, cuando Pirlo viajó a Moscú junto al exfutbolista Marco Materazzi para asistir a la final de la Copa de Rusia y participar en varios actos promocionales organizados por Fonbet. Ambos posaron para fotografías oficiales, firmaron autógrafos y participaron en actividades con aficionados en unas fechas que coincidieron con una de las mayores oleadas de bombardeos rusos sobre Kiev desde el inicio de la guerra. La presencia de ambos en el evento fue objeto de numerosas críticas en Italia, especialmente porque entre los participantes figuraba el cantante ruso Shaman, conocido por su apoyo público a la invasión de Ucrania.
Fonbet, de la que Pirlo es embajador global, perdió tras la invasión rusa de Ucrania varios acuerdos comerciales con clubes europeos, entre ellos el Milan, que rompieron sus vínculos con esta plataforma de apuestas.