Carnicero de profesión y técnico por afición, Luis Cuevas decidió llevar a su equipo de chavales de 10 años del Deportivo Luján a las pruebas que hacía en la provincia de Resistencia. Entre los cerca de 1.000 niños que se acercaron, uno destacó sobre el resto, menudo y habilidoso, descarado y con tanta imaginación con la pelota en los pies como inteligencia sin él. “Yo amo a River y si me llevan, algún día voy a jugar en Primera”, resolvió entonces con un exceso confianza. Un discurso que, sin embargo, los ojeadores habían escuchado otras muchas veces. Y, aunque Claudio Diablito Echeverri (Resistencia, Argentina; 20 años) cumplió con su palabra, lo que les sorprendió fue lo que se encontraron al cruzar el umbral de su casa, al entrar en la habitación del niño tras la persistencia de sus padres, Domingo y Rosa. Ojipláticos, vieron que las cuatro paredes eran un santuario a su club, con banderas, pósteres, cromos y camisetas, todo lo posible en blanco y rojo. Un amor fiel que por poco frustra la cesión del jugador del Manchester City al Girona, después de que su primer paso europeo por el Bayer Leverkusen saliera torcido. Pero Echeverri, tras liberar el club la plaza de extracomunitario de Solís -traspasado al Birmingham inglés-, de momento dos sorbos (27 minutos ante el Getafe; 21 contra el Oviedo), y ahora apunta a Sevilla (18.30. Dazn).
Echeverri aprendió a jugar al fútbol en una canchita de tierra, en Villa Río Negro, un barrio de Resistencia donde la pelota picaba mal y las ilusiones no abundaban. Pero su talento, fuera de lo común -al punto de que ya le llamaban Diablito por el apellido similar al del exjugador boliviano Marco Etcheverry, apodado Diablo-, y la voluntad de River hicieron el resto. Porque con 10 años, al niño se le atragantó vivir en la residencia del club, lejos de su familia. Enterado de la problemática el presidente Rodolfo D’Onofrio, decidió intervenir y le ofreció a la familia un departamento en la ciudad, por lo que en 2017 la familia se partió en dos: por un lado, los padres con Claudio y Mariela (los dos más pequeños) en Buenos Aires; y por otro, los cinco mayores en Resistencia.
Ahí apareció el amor por River, también la morriña. “Claudio quiere regresar a River, pero no es el deseo de Manchester City”, explicó su agente. Pero el Girona, que ya pujó en verano sin éxito, pidió turno con la aquiescencia del conjunto inglés. Le quedan cinco meses -con un asterisco para poder volver a Inglaterra si lo - para demostrar que tiene sitio en el fútbol de élite.