Mourinho, , Haaland y el . No faltó ningún nombre por asomar en la campaña electoral del Real Madrid. Después de 20 años sin comicios, las últimas dos semanas fueron un bombardeo continuo de balones a la olla, o a las urnas, de Florentino Pérez y Enrique Riquelme en busca del voto del socio. Cada uno, con lo suyo, o con lo que entendió que le faltaba al otro. Dos hombres de negocios separados por una generación (79 años el presidente y 37 el aspirante) que han protagonizado 15 días ásperos y al ataque. Los socios del club en la ciudad deportiva de Valdebebas, entre las 9.00 y las 20.00. Un lugar a desmano del céntrico Bernabéu, ahora de preparativos por la visita del Papa.
“Quiero dar la bienvenida a León XIV, que en el avión ha dicho a los periodistas que es del Real Madrid”, soltó este sábado Florentino en una de las pocas licencias de humor que ha permitido el proceso. A un kilómetro de distancia, el joven candidato ponía en duda la salud económica de la entidad. Una campaña sin cuartel que no solo miró al presente inmediato de cuatro años de mandato, sino al futuro por los temas planteados y las circunstancias que concurren.
Nadie discute el favoritismo del actual mandatario, ganador de siete Champions en fútbol y con una gran ascendencia sobre las bases, pero si algo ha dejado esta convocatoria, a la espera de los resultados, es la aparición de la primera persona en dos décadas que lo ha retado. Aquel hombre “con acento mexicano” al que desafío Pérez en su agria rueda de prensa del 12 de mayo aceptó el envido, y en los escasos plazos que le dejaron los estatutos (unos 10 días) reunió la documentación, que no era poca. Sobre todo, el aval (de un banco andorrano) de casi 200 millones apoyado en su patrimonio personal. Si en 2021 amagó y reculó, esta vez el empresario alicantino dedicado a la energía solar no se ha dejado nada en la culata. Ni ataques ni promesas ni dudas sobre el . La suya, quizá, es una lucha con las luces largas.
“Es el heredero de la etapa más siniestra del Madrid”, le ha dedicado a diario Florentino, en referencia al padre de Riquelme (también Enrique) que formó parte de la junta de Ramón Calderón, el presidente que ejerció entre 2006 y 2009, y que dimitió tras el escándalo en una asamblea de compromisarios en la que, según no ha dejado de repetir Pérez, se coló gente que no era socia.
Si se cumplen los pronósticos y gana Florentino, el partido se jugará también en los porcentajes. Primero, para conocer después de tantos años sin elecciones en qué punto real se encuentra la comunión entre la masa y un presidente al que se le ha presentado como inabordable y que no para de denunciar una confabulación de periodistas. Y segundo, para saber qué grado de apoyo puede tener en un posible referéndum el proyecto clave de Pérez para el futuro de la entidad: la venta de un 5%. No han sobrado fichajes ni promesas de fichajes, sobre todo del joven aspirante, pero la campaña ha pivotado en gran medida alrededor de este punto crítico.
El tema societario ha latido en toda la campaña hasta que el salseo inevitable de los (posibles) fichajes se impuso por pura ley de la gravedad. Riquelme, obligado a cargar el área como buen outsider, ha tirado a lo grande: quiere a Klopp en el banquillo, asegura que traería a Haaland y desea a Rodri. E, igual que el de Florentino, dijo que pagaría de su bolsillo las cuotas de los socios de la próxima temporada si no logra contratar al delantero y medio. Del entorno de Klopp y Haaland llegaron desmentidos que enfriaron, en mayor o menor medida, sus aspiraciones, circunstancia que aprovechó Florentino para tratar de desprestigiarlo y potenciar su acreditado perfil de fichador de galácticos. Él tiene cerrados a , y los defensas Konaté y Dumfries, aunque adelanta que el martes por un jugador de, al menos, 150 millones.
Sin debates por deseo del actual presidente, la campaña entre el socio 1.484 (Pérez) y el 41.736 se ha vivido en los medios, y la proactividad de Riquelme ha empujado al primero a volver a ponerse delante de los micrófonos, costumbre que ya había abandonado. Dos semanas a campo abierto para unas elecciones presidenciales que parecen ir más allá de una legislatura. De fondo, el posible cambio societario y la previsible carrera de fondo de Riquelme hacia el sillón presidencial.