No debería estar aquí todavía, pero lo está. Lo dicen en voz baja los médicos , la última hace justo un mes, y lo dicta el sentido común. ¿Cómo demonios es posible controlar una bestia de 157 kilos que alcanza los 360 kilómetros por hora, inclinarla a casi 60 grados y no solo sobrevivir, sino ganar con maestría como si el tiempo no hubiera pasado? La respuesta solo la tiene Marc Márquez Alentà (Cervera, 33 años), que este domingo en el GP de Hungría, en un circuito donde nadie más ha ganado todavía, logró su victoria centenaria en el Mundial de motociclismo. El español de Ducati es el tercer piloto que alcanza las 100 victorias en la élite de las dos ruedas, a la estela de los iconos italianos Valentino Rossi (115) y Giacomo Agostini (122).
Márquez volvió a saborear las mieles del triunfo nueve meses y 13 grandes premios después, su tercera peor racha en MotoGP. Todas ellas, por cierto, ligadas al calvario de lesiones y dolor en el brazo que arrancó en el GP de España de 2020 y a punto estuvo de retirarle. A pesar de un inicio de curso dubitativo, en lo técnico y lo físico, el 93 por fin volvió a bailar encima de la moto, y un trocito de hueso que flotaban por la articulación desde 2019.
“Estoy súper contento. Ha sido una victoria que ha costado. El año pasado todo cambió de la noche a la mañana, y hemos trabajado muy duro para volver hasta aquí, para volver a sobreponernos a las adversidades”, comentó el gran protagonista del día en el parque cerrado. Al cruzar la meta, no pudo evitar que se le escaparan algunas lágrimas, aunque luego pudo contener la emoción durante los festejos. “Esperaba encontrarme peor. La clave fue dosificar el viernes. Tenía el brazo izquierdo agarrotado y por suerte el derecho se usa poco en este circuito. El precio para llegar aquí ha sido caro, pero lo hemos conseguido. Dos quirófanos, muchas horas de camilla… No me lo tomo a la ligera porque son momentos muy duros, pero sí con optimismo. Ha sido duro físicamente, pero más mentalmente”, convino.
Después de bastante tiempo, el espectáculo del fin de semana lo puso de nuevo todo él: pole position tras una caída para frenar el ímpetu de Pedro Acosta con la KTM, el único capaz de tutearle a lo largo del fin de semana, . La guinda del pastel este domingo, con la vuelta rápida y un triunfo que llega exactamente 16 años y un día después de su estreno mundialista como adolescente en el GP de Italia de 125cc de 2010. Otra batalla preciosa con el joven talento murciano de 22 años, que el año próximo será su compañero en el equipo oficial de Ducati.
“Ha sido una pelea muy bonita, y como me enseñó mi padre, yo nunca me rendiré en la pista. Espero que la gente lo haya disfrutado en casa”, comentó Acosta, que tiró una vez más al palo pero no pudo superar las carencias técnicas de la moto austríaca, todavía a remolque de las fábricas italianas que dominan el cotarro. Son ya 13 podios y siete segundas plazas en MotoGP desde su debut hace tres campañas, cuando irrumpió en el certamen con la etiqueta de heredero de Márquez. “Ver que aquí hemos estado por encima del resto, con la excepción de Marc, es un empujón moral para todo el equipo”, añadía el chaval de Mazarrón.
Esta victoria de Márquez llega más tarde de lo esperado en su defensa de la corona y la persecución del décimo título en toda la escalera mundialista. Cuenta con siete en MotoGP y aspira a igualar el tope de ocho de Agostini este año, que empezó con dificultades e incómodo encima de la nueva Desmosedici GP, incapaz de fluir como a él le gustaría por las molestias en el hombro, , menos de una semana después de haberse coronado, tras una espera de seis años, de nuevo campeón. Ese golpe desplazó dos tornillos rotos que afectaron el nervio radial del brazo y le obligó a enfrentar una vez más sus demonios.
Su maravilloso toma y daca con Acosta, a punto de tirarse el uno al otro en el ecuador de la prueba, demostró una vez más que nada le amilana. Y todo ello no deja de ser un buen recordatorio de que nada es imposible en este deporte mientras suenan ya las trompetas de la remontada en las gradas. “Hoy la suerte nos ha sonreído. Justo se han caído los otros dos o tres rivales que tenían mejor ritmo para luchar por la victoria. No me encuentro tan bien como para decir que voy a por la remontada. Me encantaría asegurar que vamos a por otra victoria en Brno en dos semanas, pero aquí, con pocas curvas de derechas, ya noté que el brazo sigue sin estar donde toca”, matizó el ganador.
En la categoría reina, Márquez amasa ya 74 victorias, y curiosamente tiene el récord de 89 triunfos de Rossi, su ídolo convertido en enemigo, a la misma distancia que en el cómputo global que incluye todas las categorías (15 triunfos les separan). El hito centenario coincide, cosas del destino, con la victoria número 100 del equipo oficial de Ducati justo cuando la fábrica de motocicletas de Bolonia, fundada en 1946, festeja con varias iniciativas su centenario.
Los números de Márquez son los más prolíficos de la era moderna, iniciada en el 2002 con el cambio de los 500cc a las actuales MotoGP de 1.000cc. El prodigio de Cervera ha ganado una de cada tres carreras en las que ha participado (34%), y en más de la mitad se ha subido al podio (57%), por delante de colosos como Rossi y Lorenzo, aunque cuatro clásicos como Giacomo Agostini, Mick Doohan, Ángel Nieto y Mike Hailwood lograron vencer en más del 50% de sus salidas al ruedo. La victoria en Balaton es la número 59 del catalán partiendo desde la primera plaza de la parrilla, una estadística donde también es centenario y presume de otro récord absoluto de la disciplina, autor de un total de 104 pole position.
A pesar de su dimensión dentro y fuera de la pista, Márquez asegura que de aquí en adelante en solo quiere divertirse haciendo lo que más le gusta. Sin plantearse más retos, pero sin negar su gusto por la victoria. “He tenido muchos años de presión, y ahora quiero disfrutar de este deporte. La ambición es la misma, no cambiaré ahora con 33 años, pero quiero relajar un poco mentalmente. Si disfruto, todo llegará cuando acompañe el físico”, convenía en Hungría, donde escribió otro capítulo dorado de su inacabable biografía.