Ruud sufre la ingravidez de Alcaraz, fiel a su cita con los cuartos

No han transcurrido ni tres juegos y el enredo constante propuesto por Alcaraz ya ha conseguido desconcertar a Ruud. Por otra parte, nada nuevo en realidad. No es ningún secreto: el noruego (27 años y 13º del mundo) no quiere verlo ni en pintura, conocedor del estado de gracia de un tenista que hoy día compite entre la dulce ingravidez. Él no juega, él flota. Para entonces, el murciano ya ha clavado un globo en la línea y le ha lanzado al rival una declaración de intenciones: ponla donde quieras, que ahí llegaré yo. Además de los golpes, la potencia y la precisión, un recital de piernas. No deja rendija alguna. Pese a que el nórdico haya evolucionado y sea menos conservador, sufre sobremanera.

De ningún modo ayuda su pobre porcentaje de primeros y la cifra creciente de errores no forzados, así que en menos de 25 minutos, Alcaraz ya le ha arañado dos roturas (4-0) y sigue apretándole. Avasallando. Exquisito como acostumbra, el murciano va abriéndose paso en el partido con esa seriedad que ha adquirido, como si en vez de estar empezando, como quien dice, fuera un treintañero bregado que se las sabe todas y que va solo en línea recta. Nada de remolonear. Competir, competir y competir, grabado a fuego. De algún modo, a la par que , rica como ninguna en registros, él ha ido sinnerizándose.

A 179km/h... en estático

El tercer break sella el primer parcial y, hasta el inicio del segundo, el juego de Ruud no ha terminado de atemperarse. Durante media hora, un noruego errático y desdibujado. Luego es otro jugador. Ahora sí hay debate. De la misma forma que fue despojándose de ese corsé tan estrictamente académico que limitaba su proyección, en los últimos tiempos y se ha caído del top-10, atrapado tal vez por esa espiral de resignación de la mayoría que se sabe muy inferior, demasiado lejos de los dos referentes. Hoy por hoy, cuesta un mundo imaginar que alguien pueda hacerles siquiera cosquillas.

No obstante, Ruud consigue rebatir con calidad hasta que el duelo entra en el terreno de lo delicado. Aguanta en pie hasta el desempate, pero la tensión continuada y el sobreesfuerzo físico y mental hacen que sus costuras salten finalmente por los aires. “¡Arreándole a la que puedas!”, . Y prosigue Alcaraz, quien para entonces ya ha despedido un proyectil en estático que alcanza los 179 km/h. Sacar fuerza de la nada, otra marca de la casa. Sacude estos días el martillo: ¡Pam! Ya sea con el flequillo ladeado, a lo marine como en Nueva York, con el pelo oxigenado o este corte mullet de California, el número uno no se cansa de ganar y mantiene la marcha. “¿Se imaginan que…?”, se fantaseaba. Y así es: he aquí una verdadera máquina.