Desde el mismo día que se retiró, , Serena Williams dejó una puerta abierta al retorno. Esa noche, sobre la Arthur Ashe de Nueva York y con 41 años, la campeona de 23 grandes deslizó un mensaje enigmático antes de marcharse a cantar a un karaoke: “No lo sé… No estoy segura de si este ha sido mi último momento [en las pistas] o no”. La estadounidense no empleó en ningún caso la palabra retiro ni tampoco hablaba de un adiós, sino de “evolución”. “Ha sido divertido”, añadía. Y esa es, precisamente, la simple y llana causa de que ahora vuelva a la actividad profesional. ¿Dinero? No parece necesitarlo, teniendo en cuenta que posee una fortuna cifrada por la revista Forbes en 300 millones de euros. ¿Superación? Ya se pasó el juego, más que de sobra... Entonces, ¿por qué regresar con 44 años?
Y ahí está ella de nuevo, La Reina, sobre el verde impecable del club londinense y en compañía de la joven Victoria Mboko, quien como tantas otras, encontró en la verdadera fuente de inspiración. Una forma de creer y competir. “Me envió un mensaje mientras estaba jugando en Estrasburgo [a mediados de mayo]… Y le respondí: ¡Claro que sí!”. “Quiero jugar bien para ella, pero también quiero ganar. Y sé que ella también”, afirmó la jugadora canadiense, novena del mundo y escudera en esta vuelta que se resuelve a favor de ambas: 7-6(2) y 6-2 frente a las terceras cabezas de serie, Nicole Melichar-Martinez y Erin Routliffe. El torneo inglés no acogía un partido femenino desde hace más de medio siglo (1974). Nada parece casualidad.
Con ella y su legado sobre el verde, un torneo que pasaría desapercibido a ojos del gran público cobra una relevancia diferente y el tenis recupera un activo incomparable. “Es como Roger Federer, una leyenda de otro nivel”, indica la ucrania Elina Svitolina. “Es fantástico tenerla cerca”, apunta la inglesa Emma Raducanu. Y, preguntada por este periódico después de haber triunfado (19), la preparadora Conchita Martínez responde: “Es una gran noticia para nuestro deporte, por supuesto. Es impresionante que haya decidido volver. Creo que primero se probará en dobles para ver cómo se siente, pero luego entran en juego muchos factores. Para jugar individuales hay que estar muy, muy preparada. Es algo muy personal, ya veremos qué sensaciones tiene”.
Luminosa, Serena propone un perfil bajo que contrasta con aquellos tiempos en los que acostumbraba a marcar el territorio dialéctica y gestualmente. Esta vez, entrada y salida (ante 9.000 personas) con discreción. Méritos para Mboko, de 19 años. “Ella nos ha mantenido. He confiado y lo ha hecho muy bien en los puntos importantes”, señala. “Lo bueno es que puedo hacerlo mejor. ¿Un aprobado raspado, tal vez?”, añade antes de comentar a la BBC que “se puede hacer cualquier cosa a cualquier edad, siempre y cuando estés sana, te cuides, seas feliz y des lo mejor de ti misma”. Aún no ha decidido si jugará o no en Wimbledon, mientras su primer entrenador, Ricky Macci, lo tiene muy claro: “Cuando Serena empieza a jugar, se entrega por completo. Si vuelve, no será para hacer un cameo ni una aparición especial”.