Alcaraz y su inspiración en la saga Rambo para ganar el Open de Australia: “¡Lánzate desde las montañas!”

El día después de todo gran torneo se produce una estampida sostenida y jugadores y equipos van disolviéndose en dirección a sus respectivos destinos. El de Carlos Alcaraz, por ejemplo, era Murcia, previa escala en Madrid. Después de atender todos , el número uno del mundo se preguntaba: “Lo próximo es…”, dudaba al pensar en la siguiente parada de la competición. Por el desgaste, el sueño, la adrenalina acumulada y el consiguiente bajón o lo que fuera, no parecía tenerlo del todo claro. En su caso, teóricamente era Róterdam, escenario en el que hace un año logró su primer trofeo bajo techo en la élite y al que ahora renuncia.

Sin embargo, después de un exigente mes en Australia, el murciano ha preferido finalmente descartar al viaje a Holanda y reponer fuerzas. El esfuerzo efectuado las tres últimas semanas en Melbourne ha sido considerable y la aclimatación de un marco a otro, con tanta inmediatez, tampoco era sencilla: del verano austral al invierno europeo del Norte, en indoor además. Al no acudir, el peaje directo para español es la pérdida de 500 puntos en el casillero del ranking, que, de alguna forma, hoy día se puede permitir dada la holgada renta (3.350) sobre su inmediato perseguidor, Jannik Sinner.

“Siempre he dicho que juego por mi país, y ganar con España me hace especial ilusión”, concedía el líder del circuito, quien tras la renuncia a Róterdam se dirigirá en próximas fechas al desierto de Doha (del 16 al 21 de este mes). El año pasado le quedó un regusto amargo, después de en los cuartos de final, de modo que intentará corregirlo para abordar en marzo la gira norteamericana sobre cemento. En esa franja, parrilladas, golf y la pista extremadamente lenta de Indian Wells (del 4 al 15), así como y otro desfile por Miami (18 al 29), donde festejó su primer título de relevancia, el primero de los ocho Masters 1000 que ya posee.

¿Y los cuatro en un mismo año?

Nada más abrir 2026, el de El Palmar ha dado en la diana. Comenzó torcida la final con Nole, pero el serbio perdió energía y él reaccionó implacable. En cualquier caso, , e incluso dispuso de una bola de rotura en la cuarta manga que de haberla convertido podía haber guiado el duelo hacia otro contexto muy diferente. Nole siempre será Nole, y el más mínimo paso en falso contra él puede salir realmente caro, independientemente de edades. Lo sabía bien Alcaraz y apretó, temiendo otra pesadilla, pero para sortear esos instantes críticos agradeció el auxilio externo desde el box. Allí, un grito.

“¡Soy un toro! ¡Soy un toro!”, expulsaba hace cuatro años en su versión más ardiente, inflamándose su yugular y sobreexcitado cuando los partidos se iban endureciendo conforme escalaba en Nueva York. “¡Venga, va, háblate!”, , mientras el protagonista señala que “el lenguaje es muy, muy poderoso”. Lo es, y Alcaraz, más contenido que aquel crío que embestía en el US Open de 2022, transmite un mensaje constante de hambre. ¿Pleno tras lo de Australia? De eso nada. Sin prisa pero sin pausa, ahora tiene ante sí una oportunidad de materializar otra temporada histórica.

Sobre la posibilidad de ganar los cuatro grandes del año, apuntaba , antes de retirarse al hotel con el trofeo entre las manos: “Eso es muy complicado. Obviamente, ¿a quién no le gustaría? Nosotros trabajamos para ganar los máximos Grand Slams posibles. ¿A quién no le gustaría tener los cuatro en el mismo año? Ojalá algún día. Pero, como digo siempre, la mejor manera de afrontarlo es ir uno a uno. Ya tengo Australia; ahora toca celebrarlo, disfrutarlo, saborear este momento, porque sabemos lo difícil que es ganar un torneo así”.

Y, con ganas de mucho más, predica de cara a lo que viene: “Sin embargo, mi cabeza está ya puesta en Roland Garros [estación final de la gira de tierra, abril-mayo-junio], en ver qué podemos hacer allí. La temporada es muy larga, hay muchos torneos de aquí en adelante, pero evidentemente sería una auténtica locura poder pelear por eso [el Grand Slam anual] algún año”.