“Creo que es difícil comparar”, introducía tras la victoria contra el checo Jakub Mensik en las semifinales. “En 2020 no me veía como favorito; de hecho, no veía a nadie como favorito; en ese momento tenía muchos problemas con mi saque, sobre todo con el segundo servicio; sabía que podía venirse abajo en cualquier momento, pero ahora eso es distinto, por suerte para mí… Eso quedó en el pasado e intento no pensar demasiado en ello antes del domingo”, ampliaba el de Hamburgo, quien esta vez y que, por tanto, encabeza todas las apuestas. A pesar haber ganado filo, el florentino (24 años y 14º del mundo) no tiene experiencia en episodios de esta magnitud y su presencia se entiende más bien como coyuntural, partiendo de la ilógica de esta edición tan enrevesada.
“Diría que esta es, con diferencia, la mayor y mejor oportunidad que ha tenido. No hay duda al respecto. Ya estaba jugando mejor que muchos otros rivales incluso antes de llegar a la final [15.00, Eurosport y DMAX], así que, obviamente, creo que es un partido importantísimo”, concede John McEnroe en unas declaraciones recogidas por el canal que retransmitirá la final de hoy. “No diría rotundamente que no va a ganar ningún título si no gana esta vez, pero creo que si Sascha no es capaz de aprovechar esta oportunidad, la gente le presionaría aún más”.
Zverev, de 29 años, ha desarrollado una envidiable carrera que incluye 24 títulos, entre ellos siete Masters 1000, dos Copas de Maestros y el oro olímpico. “No, no lo cambiaría por un Grand Slam; es más, , porque es lo más difícil de conseguir; solo hay una oportunidad cada cuatro años”, asegura. Sin embargo, las expectativas que generó siendo un adolescente recuerdan una y otra vez, a modo de martilleo, que hasta ahora no ha podido encumbrarse en un gran escenario. Él es, de alguna forma, el icono de esa generación fallida y sufridora que se inclinó ante los tres gigantes, primero, y los dos fenómenos actuales, después. Thiem (32 años, ya retirado) dio al menos un bocado, como Daniil Medvedev (30); este último también tocó la cima y celebró la Copa Davis.
Zverev y el italiano se han enfrentado cuatro veces, dos de ellas en esta gira de tierra. El primero se impuso en la Caja Mágica de Madrid (cuartos) y el segundo en Múnich (semifinales). A Cobolli le benefició hace dos días la renuncia de su compatriota , pero no parece que el factor físico pueda ser diferencial. Tampoco el hecho de que las seis últimas derrotas del alemán se produjeran contra transalpinos: cuatro ante Sinner, la citada ante Cobolli y otra más frente a Luciano Darderi, recientemente en el Foro Itálico de Roma.
Cobolli no compite desde el miércoles, cuando resolvió los cuartos de final. “Tengo casi cuatro días de descanso y eso es mucho, porque puedes perder ritmo. Quizá me ayude, quizá no…”, respondía el viernes, cuando se ahorró el kilometraje ante Arnaldi. La próxima semana lucirá por primera vez en el top-10. Él y Zverev comparten amistad. “Me siento bien, no he jugado partidos demasiado largos”, apostilla el de Hamburgo, mientras el célebre Andre Agassi previene el gran candidato: “Si hay algo que puede sembrar la duda en la mente de cualquier jugador, es el hecho de haber perdido contra esa persona la última vez que te enfrentaste a ella en la misma superficie”, manifestó en TNT Sports; “una cosa es segura: Cobolli hará que Zverev sienta que tiene que ganarse esta victoria. Va a jugar con total convicción”.