El 4-6, 6-0, 6-3 y 6-2, firmado en 2h 40m, le conduce hacia el cruce del viernes con el chino Yibing Wu (113º del mundo) y envía otro mensaje esperanzador, en tanto que más allá de la victoria, Alcaraz abraza por encima de todo la forma: subiendo de nivel, exponiendo a su cuerpo y a la articulación a cargas (riesgos, en realidad) superiores, y acercándose rápidamente al competidor que tuvo que dar un paso al costado hace casi cinco meses. Más ritmo, mejor pegada, maniobras más afinadas. Una actuación más armónica y, a la par, salpicada de una serie de dificultades que solventa a base de buenos argumentos. Si el lunes resolvió , en línea recta, esta vez lo hace exhibiendo jerarquía entre el zigzagueo.
Nada tiene que ver esta edición con la anterior, cuando el español desfiló de inicio a fin quitándoselos de encima a todos, como si fueran moscas. Esta vez, obligado por las circunstancias, Alcaraz compite con las inseguridades lógicas de quien ha sufrido una lesión delicada y no las tiene todavía todas consigo. Más allá del ritmo, que no debería tardar demasiado en coger, lo que verdaderamente le inquieta es el grado de velocidad que puede aplicar en las maniobras; esto es, . Así que una vez perdido el primer set y la cuesta se ha inclinado, reacciona: “¿Qué hago con el saque? ¿Qué hago con el saque?”, repite en varias ocasiones dirigiéndose a su banquillo.
“Estaba sintiéndome genial, pero fallé una derecha fácil en una bola de break y después él me lo hizo a mí. En vez de tomarme un tiempo, tuve prisa y ante un rival como Jaime, que te saca a 225 km/h, es realmente difícil…”, explicará después. Hasta ahí contenido, llegará enseguida el instante que marca la frontera definitiva del partido, cuando anula una doble opción de rotura que supone el derrumbe progresivo de Faria. Para el portugués ya nada es igual, sus golpes ya no son los mismos y ahora el que lo disfruta es Alcaraz, al que poco a poco se le va escapando la sonrisilla. Inmejorable señal. Suena el reguetón a todo trapo y el murciano, tenista de estímulos, se ha descamisado.
No hay mejor refuerzo anímico que el ir solucionando problemas sobre la marcha, y ante el portugués da exactamente con lo que necesita. Ante cada complicación, una respuesta certera. Basta con esta versión a medio hacer para que el de enfrente sienta al final que todo lo que haga será en vano, porque a nada que coja temperatura, el tenis de Alcaraz es devastador. El luso regala un pelotazo excepcional que sortea la red por el costado, pero no ha pestañeado y ya ha encajado varios estacazos que le recuerdan contra quién está jugando. . Remonta el español la desventaja y, a partir de ahí, se aprecia algo parecido a la libertad. Su juego recobra naturalidad y sus leales fantasean, tentador el pensamiento de medianoche: ¿Y si hubiera venido para algo más que hacer una prueba?