El pasado domingo, Carlos Alcaraz irrumpió en el MetLife Stadium de Nueva Jersey envuelto en un traje de color marfil y portando un cofrecillo en cuyo interior se ocultaba la Copa del Mundo de fútbol. También, con una sonrisa de oreja a oreja. Magnífica señal en un deportista especial y diferente, que vive, sueña y compite de la misma forma: bajo el lema de la diversión. Después de más de tres meses en la reserva, debido a la lesión que se produjo , el tenista (23 años) por fin comienza a ver la luz y la buena evolución se refleja en su rostro. Nada que ver el gesto del 15 de abril (en Barcelona) con el del 19 de julio (en Nueva York).
Es decir, buenas noticias que suceden al mensaje optimista que el propio Alcaraz emitió el día 10, cuando aseguró por medio de sus redes sociales que . Entonces se le veía golpeando la pelota con suavidad y haciendo una serie de ejercicios de simulación, con el objetivo de ir recuperando de manera progresiva los reflejos, la mecánica y los automatismos propios de la competición: amagos, toques a tres metros de una pared y trayectorias con una raqueta mordida, a la que le faltaba parte del marco y también el cordaje; sorprendía lo último, pero en realidad se trata de una técnica de trabajo que el preparador Alberto Lledó puso en práctica con él (y otros jugadores de la academia de Villena, Alicante) desde que era un adolescente.
“Mi sueño es ser el número uno del mundo y para eso entreno todos los días con la máxima intensidad posible”, decía entonces. Y lo consiguió; de hecho, . En aquel momento, sin embargo, Alcaraz todavía desconocía la otra cara de un deporte verdaderamente erosivo en el que los dolores, las lesiones y la enfermería son una constante; el peaje ineludible que en abril, sin verlo venir, le arrebató de cuajo su carcajada característica: “Está jodido, parece un tema serio…”. Ahora, en cambio, el tenista de El Palmar observa el horizonte de otra forma, después de haber seguido a rajatabla los pasos médicos pautados y de encarar una fase decisiva en la rehabilitación.
“Sí, esa es la idea. Esa es la intención”, corrobora a este periódico una persona de su entorno, confiando en que la vuelta de tuerca que se avecina obtenga una respuesta positiva de la muñeca. El plan del murciano consiste en ir intensificando gradualmente el impacto sobre la pelota a lo largo de las tres próximas semanas, que precederán a la disputa del Masters 1000 de Cincinnati (del 13 al 23 de agosto) y posteriormente el US Open (del 30 al 13 de septiembre). Si la reacción es favorable y él y su equipo así lo consideran, viajaría a Estados Unidos para participar en esa doble cita, con la idea de hacer primero un ensayo y después competir en el grande neoyorquino. Lógicamente, sea cuando sea la vuelta priorizará la readaptación y el reingreso en el circuito sobre el resultado inmediato.
Alcaraz comenzó en junio el proceso de rehabilitación, dirigido por el preparador físico y fisioterapeuta Juanjo Moreno, y por Lledó. Desde entonces ha ido ejercitándose en el interior de una nave industrial que el tenista ha reconvertido en una pista indoor (cerrada), protegido de las miradas ajenas y los fotógrafos. Allí, , continuará con la preparación, aunque próximamente (siempre y cuando todo vaya en orden) trasladará los ensayos a las pistas descubiertas de la Real Sociedad Club de Campo Murcia, en El Palmar. El tenista, supervisado y guiado en todo momento por su entrenador, el alicantino Samuel López, ya ha recibido las pelotas oficiales que se emplearán durante la gira norteamericana y podrá practicar con ellas, lo cual refuerza ese deseo de reaparecer en agosto.