Moha Attaoui se queda a tres décimas del récord del mundo de 1.000m

La vida pasa volando, , que antes de volar cuida sus piernas con un trago de bicarbonato, pero no bebe jugo de brócoli como hacen muchos colegas porque no quiere engañar al cuerpo ni a sí mismo. Un atleta de 800m, dice, tiene que aprender a generar lactato y a eliminarlo, a consumirlo para seguir disponiendo de energía, y muestra su amor al lactato que envenena sus venas en los últimos 200m, la última vuelta al anillo de Gallur. Es la clave de su récord mundial de 1.000m. Corre, vuela, ese tramo, solo por delante de todos, en 26,95s, lo que pensaba, lo que podía. Pero no bate el récord mundial. Mira el reloj cruzada la meta y pega una patada al suelo, rabia, frustración. 2m 14,53s. Un marca espectacular. Borra el récord de Europa del gran Wilson Kipketer, pero se queda a tres décimas de los 2m 14,20s de Ayanleh Suleiman.

Es la tercera marca mundial de la historia y una razón para, superado el primer duelo, doblarse sobre un cubo en el centro de la pista y vomitar el lactato con bilis. La rutina habitual. Solo tiene palabras para hablar del público que llena el pabellón y le lleva en volandas. “”, dice, poético. Y también habla de las liebres, Matienzo hasta los 500m y Ostrowski hasta los 800m, que, equivocados por unas luces led mal reguladas --“debían haberlo hecho yendo más rápidas la segunda parte”, explica un experto--, pasan por encima de los tiempos fijados. El primer 200m lo cubren en 26,65s; el segundo, en 26,47s; el tercero, en 27,16s; el cuarto, en 27,30 (la clave, tres décimas más lento de lo pensado), y el último 200, ya Attaoui solo, en 26,95s. “Ostrowski me estaba frenando, y en el 700 le tuve que gritar que se apartara”, dice Attaoui. “Además, cuando lo hizo, en lugar de abrirse, se metió por dentro y tuve que pasarle por la calle dos. Ahí se han ido las décimas”.

Ni le preocupa el lactato ni el brócoli ni el bicarbonato a Enrique Llopis, que solo permanece en la pista 7,45s, el tiempo justo para batir el récord de España de 60m vallas que él mismo compartía con Orlando Ortega en 7,48s. Le aplaude entusiasmado Javier Moracho, la primera gran cara visible de las vallas en España, que tuvo varios años el récord nacional con 7,60s. La vida es un suspiro para el gigante de Bellreguard, de 25 años, que ha perdido peso y ha ganado fuerza y velocidad, y hace no tanto se dejaba deslumbrar junto a Asier Martínez, corriendo casi en edad juvenil, junto al tremendo Grant Holloway, en la misma pista de Carabanchel en que dejó el récord del mundo en 6,29s. Los 7,45s son la mejor marca europea del año y una indicación de que en el próximo Mundial en pista cubierta puede lograr ya la medalla que roza en todas las grandes competiciones, coleccionista de cuartos puestos.

A Rocío Arroyo la entrena en Alcalá de Henares, su pueblo, Antonio Fernández, hijo del gran Antonio Fernández Ortiz, histórico ochocentista que tuvo el récord de España con 1m 46,8 en los años 70, cuando aún no se medía el lactato en los entrenamientos. Arroyo, de 23 años, no necesita que le expliquen lo que, pues como atleta de 400m y 54s lo sufría más que lo gozaba. El año pasado dio el salto a los 800m, y a su resistencia a la velocidad le unió una capacidad de mantener un gran ritmo antes de entrar en la agonía de la última vuelta. Batió el récord de España sub 23 (1m 59,17s), y en Gallur disputaba su tercera carrera del invierno. Lo hizo en la serie B como una exhalación, como una exhibición y un cambio de dinamita en el 500 que la llevaron a bajar de los dos minutos (1m 59,97s), promesa de una gran primavera y, irónicamente, mejor marca que la que la gran estrella de la distancia, la suiza de 21 años Audrey Werro, en la serie A, la buena supuestamente (2m 0,68s).

Junto, la mejor marca de la noche madrileña la consiguió la atleta portuguesa Agate de Sousa, de 25 años, que ganó la longitud con un salto de 6,97m, mejor marca mundial del año. La gran saltadora, nacida en Santo Tomé y Príncipe, antigua colonia portuguesa insular en África, ya había pasado de siete metros (7,03m) al aire libre.