¿Debutantes? ¿Qué debutantes? Mérida y Jódar brillan en la Davis y castigan la fragilidad de Chile

La sorna de la afición local duró poco, lo que tardó Dani Mérida en invertir un pulso muy engañoso que empezó cuesta arriba y terminó felizmente hacia abajo, a placer. El madrileño remontó a Alejandro Tabilo en la central de Santiago (5-7, 6-3 y 6-3, tras 2h 14m) y a continuación , quien encontró una resistencia todavía más frágil en Cristian Garín (6-0 y 6-2, en 1h 03m). De este modo, dos de dos; es decir, a pedir de boca. El equipo español de la Davis dispondrá este domingo (desde las 17.00, Movistar+) de tres oportunidades para ponerle el lazo a un cruce que pintaba más bien exigente y ahora parece muy encarrilado, a falta solo de que uno, otro o el dobles que abrirá el día (Munar-Martínez) firmen la sentencia.

Nadie hubiera dicho que quienes desfilaban sobre la arena chilena eran dos noveles, sino al revés. Tampoco se diría que el equipo local había ganado las doce series que había disputado en casa desde 2014, coincidiendo . Y ni mucho menos la Anita Lizana fue la caldera que se presumía, sino más bien lo contrario. Un escenario gélido que se contagió de la carestía de sus representantes, superados con relativa holgura por dos jóvenes a los que no les pesó en absoluto la condición de debutantes ni el cosquilleo lógico de quien pone el primer pie en una competición tan romántica, demandante y compleja como la vieja Copa Davis.

En resumidas cuentas, una jornada ideal que sitúa a España ante una situación inmejorable, la de tener que sumar solo un punto en la prolongación de la eliminatoria. De conseguirlo, el bloque dirigido por David Ferrer se clasificaría de nuevo para las Finales que se celebrarán , donde se dará carpetazo a la campaña (del 24 al 29 de noviembre). Mucho tendrían que cambiar las cosas de un día a otro para que suceda lo contrario, dados los escasos argumentos ofrecidos por Tabilo y Garín. El primero se descompuso merced a la agresividad de Mérida (21 años y 41º) y al segundo lo descosió sin miramientos Jódar (20 y 14º). Ligero debate en un acto; ninguno en el otro.

Garín en su momento ilusionó, pero hoy día (30 y 133º) es una sombra de lo que fue y en cambio, Jódar se estrenó de la misma forma que lo ha hecho este año: como si nada. . Ni pestañear. La distancia entre uno y otro era obvia, pero el madrileño no regaló ni lo más mínimo. Por si las moscas. Categórico. Ni rastro de aquella derrota inmediata en Nueva York, sino otra prueba más de que viaja rápido, de que es un aprendiz acelerado y de que Carlos Alcaraz ha encontrado a un escudero de muchos quilates. Resolvió en un santiamén y puso más tierra de por medio ante una Chile mustia, obligada ahora a una remontada que se antoja más que complicada.

En el primer turno, Mérida lució todo su poder ofensivo y gestionó con habilidad un duelo delicado, sobre el alambre, muy parejo hasta que el madrileño dio un acelerón extraordinario y el ánimo de Tabilo se rompió. Durante una hora hubo tablas, pero a partir de ahí arreció sobre el andino una exhibición de tiros y descargas por parte del jugador español, explosivo a más no poder, certero, valiente. y qué mejor escenario que la Copa Davis, territorio de osadía, para demostrar que tiene agallas, que posee los golpes y que no le falta ese instinto reactivo e imprescindible para darle la vuelta circunstancias hostiles como la que se encontró.

De entrada, Tabilo por encima y la grada vacilona, celebrando esta sus fallos e intentado inyectarle las dudas que suelen corroer al primerizo. ¿Primerizo? ¿Dónde? No por aquí. Nadie lo hubiera dicho a tenor de cómo se levantó, reaccionó y contragolpeó, con esos chispazos eléctricos que tanto gustan y enganchan. Espíritu guerrillero, puños de acero, aceleración para dar y regalar. Así es el tenis seductor de Mérida, un competidor de múltiples capas que se desenvuelve en todas partes, ya sea aquí o allá, que sobre un escenario de primer nivel, ya sea en la fase defensiva o la ofensiva. Magnífico al resto, una vez consumado el break de la segunda manga se tiró encima del rival, sin respuestas ni épica alguna.

Él, siempre con todo. ¡Pam, pam, pam! Pedrada a pedrada. De ganador en ganador. Y enfrente, un tenista de empaque y 29 años, 28º del mundo y con 15 series ya a sus espaldas al que se le fundieron de manera súbita los plomos; al compás, también se vino abajo un público que empezó ruidoso y terminó silenciado, tratando de asimilar la que estaban llevándose los suyos. Groguis los de casa. El arreón inicial de Chile fue tan solo un espejismo y el buen hacer de Mérida encontró después continuidad en el de Jódar. Uno y otro, dos tesoros. Voltaico el primero, aplastante el segundo. De caldera, nada. Un sábado más que feliz en el Estadio Nacional, donde la fiesta corrió a cargo de los visitantes.