Muchos hombres homosexuales dejaron el balón en la infancia o la adolescencia al sentir que estaban en territorio hostil. Sin embargo, los valores que ha defendido ahora la selección española con jugadores como Borja Iglesias o Lamine Yamal han llamado su atención.
El fútbol más rancio y prejuicioso empieza a agrietarse muy lentamente. Héctor Bellerín, un lateral del Betis que siempre ha querido ser diferente y que habla libremente de asuntos en los que difícilmente se suele enzarzar un futbolista, acudió hace varias semanas al programa de Marc Giró en La Sexta, Cara al Show, y cuando el presentador le preguntó, Bellerín le dio una respuesta con un argumento sorprendente: “A día de hoy yo creo que no. Es una pregunta que me hacen muchísimo y yo no he conocido a nadie. Un antropólogo me dijo una vez que los jugadores jóvenes se van saliendo cada año porque no son espacios seguros”.
Giró recordó que mucha gente había dicho que Bellerín y Borja Iglesias eran homosexuales, como si eso fuera algo negativo. El delantero del Celta recibió todo tipo de insultos por llevar las uñas pintadas, algo que elogió el diario L’Équipe por considerar que era un rasgo de personalidad en un mundo con una masculinidad tóxica como el fútbol. “Sería más feliz siendo maricón que siendo quienes me insultan”, declaró el goleador al periódico deportivo. Parte de la hinchada celtiña respondió a estos insultos imitando a Iglesias y presentándose en Balaídos con las uñas pintadas. Otro pequeño avance.
La sociedad avanza con pasos cortos. “Yo muchas veces jugaba al fútbol en el patio porque, si no, te convertías en el maricón del colegio. Esta es una experiencia muy compartida entre los gais”, apunta Mariano. “Cuando, en realidad, todos preferíamos estar con las chicas, pero necesitabas jugar para sentirte aceptado. Luego, cuando creces, lo acabas dejando porque .
La pregunta, entonces, es por qué este rechazo hacia el deporte que les maltrató en el pasado se ha revertido justo en esta Copa del Mundo de 2026. “Porque ha sido un Mundial muy gay”, apunta Damián López, un especialista en taekwondo nacido en Argentina y residente en España desde hace años.
Este activista LGTBIQ+ considera que muchos de los asuntos que se han convertido en satélites de esta gran competición deportiva están muy vinculados a su colectivo. Aquella bandera de Palestina que ondeó Lamine Yamal, estrella de la selección española, encima del autobús en el que el Barcelona celebró el título de Liga, aquel gesto, tuvo mucho más impacto en todo el mundo, por el enorme poder de atracción del joven y carismático delantero, que aún no había cumplido los 18 años, de lo que muchos pudieron pensar en un primer momento.
Esa decisión, unida a Borja Iglesias convertido ya en embajador gay y su incipiente amistad del Mundial con Javier Bardem, otro que se ha significado en defensa de Palestina, han atraído al público homosexual. Han sentido que el fútbol podía empezar a valer la pena.
“Todo esto, como las reacciones a las columnas periodísticas de Mariano Rajoy, o la multiculturalidad de la selección, nos acercó al fútbol pese a que es despiadado”, cuenta Damián López. “Yo sí conozco a jugadores gais que no han querido salir del armario por diferentes presiones. Posicionarse como gay puede dinamitar su carrera. Al final es una cuestión de dinero y muchos de los que financian el fútbol vienen de países donde se condena la homosexualidad. Antes de llegar a este estatus, muchos abandonan porque en el momento en el que estás definiendo tu identidad y tu sexualidad, en la adolescencia, tienen que enfrentarse a espacios demasiado incómodos”.
El Valencia y el Betis son los dos únicos equipos de LaLiga con una peña LGTBIQ+. Amparo Ramada puso en marcha la primera, en Mestalla, hace más de nueve años. Son 22 socios y su camino no es sencillo. “Esta temporada fueron dos de los nuestros al campo de Osasuna y no se atrevieron a sacar nuestra bandera porque estaban los aficionados más exaltados del Valencia”, recuerda. Amparo y sus compañeros de la peña, como Mariano o Damián, también simpatizaron con Borja Iglesias, Héctor Bellerín y Lamine Yamal, el trío de jugadores que parece haber abierto las ventanas del fútbol a las personas gais.
“El problema son los estereotipos de masculinidad. Está muy bien que te guste el fútbol, pero ahí no está bien vista la pluma, que no se te note que eres maricón”, señala Amparo. Muchos jugadores no se atreven a salir del armario y la presión que hay en los campos no ayuda. El canon que se repite de padres a hijos es que los niños tienen que ser futbolistas. Si no entras ahí, defraudas. Y eso nos genera rechazo total al fútbol. En las [falsas] terapias de conversión les ponen el tema del fútbol, igual que a las mujeres les ponen una Barbie. Y eso genera rechazo. Nuestra misión, la de nuestra peña y la del Betis, es reconciliar estos dos mundos y crear espacios seguros en los estadios. Ojalá surjan más peñas como la nuestra en otros equipos”. Seguro que marcarían más de un gol a la homofobia.