El amor como herramienta competitiva

Sobre el césped del Leipzig Stadium, de Instrucciones para elegir en un picado, de Alejandro Dolina. Un picado es como llaman en Argentina a un partido improvisado, uno de esos en los que dos capitanes van eligiendo alternativamente quiénes formarán en sus filas, seleccionando entre los demás de mejor a peor opción. Ahí, en el pelotón de los que espera, uno descubre cómo lo ven sus compañeros. El tópico dice que es el momento más cruel del fútbol. Se aprende, de una manera a veces dolorosa, cuál es el lugar que a uno le corresponde sobre la cancha (y acaso también en la vida), especialmente cuando quedas para el final, entre los poco hábiles, los blandos, los timoratos. Manuel Mandeb, personaje de Dolina, se percata, sin embargo, de que cuando le toca elegir sus decisiones lo conducen siempre hacia sus amigos más queridos. Y comprende que aquello que parece un criterio sentimental es, en realidad, un factor estratégico. Se juega mejor con ellos. “Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible”.

El mensaje resulta especialmente poderoso porque aparece en el fútbol, un espectáculo social que tiende a subrayar los logros individuales: el goleador, la estrella, el futbolista diferencial, el MVP. En una época que convierte casi todo en una competición entre individuos, alguien que pertenece al deporte más denostado en lo relativo a sus valores, manda un mensaje precioso y nos recuerda que la más poderosa herramienta humana es la solidaridad entre quienes se sienten iguales: compañeros de equipo, vecinos, amigos.

Es cierto que el amor no garantiza la victoria, pero puede llevarte más lejos y, lo que es más importante, difuminar la frontera entre el éxito y el fracaso, los dos impostores de Kipling, . Como rezaba la pancarta que exhibieron los hinchas de la franja: “No conocí mayor victoria que contigo en una derrota”. O, como concluye el texto de Dolina: “Más vale compartir la derrota con los amigos que la victoria con extraños o indeseables”.