Cabeza dura y puños de acero: Rafa Jódar remonta a Carreño y tiene derecho a soñar

Difícil no, lo siguiente, presagiar el panorama de este Roland Garros asambleario, tan desconcertante y a la vez tan atractivo. Efectivamente, el tenis no vive solo de las figuras. Cartel y voz para todos. Cayó Jannik Sinner el jueves; ; el sábado se entregó la última campeona, Coco Gauff; y este domingo en el que el termómetro parisino ofrece, por fin, una tregua, la competición depara otro volantazo con la caída temprana de la tetracampeona Iga Swiatek, vencida por Marta Kostyuk. Los secundarios continúan ganando cartel y en esas reluce como ninguno Rafael Jódar, un chico de 19 años que por primera vez pisará los cuartos de final de un gran escenario. Y no es mala esa forma de presentarse, levantándole dos sets a Pablo Carreño: 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2, en 3h 41m. Se enfrentará a Alexander Zverev, supeior a Jesper de Jong (7-6(3), 6-4 y 6-1).

“No quería precipitarme, sabía que era importante el aspecto mental y no cometer muchos errores. A partir del segundo set ha funcionado muy bien”, concede a los presentes desde el centro de la Suzanne Lenglen, la segunda pista en importancia del recinto. Dentro de dos días probará por primera vez la central, y lo hará ya como el número 22º del mundo. Comparecerá Jódar cargado de argumentos y desafiante, teniendo en cuenta cómo le rebatió a y cuál ha sido su rendimiento durante toda la primavera, de Marrakech a París: linealidad, en progresión, destapándose y descubriendo nuevos planos competitivos. y reafirmándose. Con un margen todavía muy generoso de evolución, el español saca pecho y continúa abriéndose paso en este torneo absolutamente imprevisible. Giros para dar y regalar.

Raro el torneo, y más bien insospechado ese intercambio de roles que se prolongará en una sucesión de nueve juegos que plantean un desnivel que enmendará luego el de Leganés al recuperar su esencia; esto es, un par de metros adelante y, ahora sí, colmillos activados. Es sí es Jódar. De la misma forma que no se entiende a uno sin ese oficio ni esa alma guerrillera, sin ese sobrevivir que abrió puertas casi inverosímiles, tampoco se concibe el tenis del otro a partir de la espera. Mandar, su bandera. Y se pone a ello, aprovechando además que al de Gijón, maldita sea, le tocan a la puerta: toc-toc, aquí el hombro. Al parecer, nada preocupante, pero sí molestias. Dos sets arriba él, pero en mala hora, claro. Le atienden y el fisio masajea la zona, pero ese Carreño no es el de antes. Con todo a favor, le tocará sufrir.

“Estoy intentando disfrutar del momento. Lo hablaba con mis amigos y con mi familia antes del partido. Es un regalo jugar una cuarta ronda en Roland Garros, así que mi objetivo era disfrutar”, indica ante los periodistas, viajando a ese ritmo que ahora mismo le relaciona con los grandes nombres, más allá de cautelas y de lo que pueda estar por venir. Porque a pesar de su juventud, a Jódar le han bastado un par de presencias en los grandes para alcanzar esta cota del torneo, lo cual expresa que también compite a una velocidad extraordinaria en la élite. Sinner o Alcaraz necesitaron cuatro, Rafael Nadal y Novak Djokovic seis, y un fenómeno como el suizo Roger Federer requirió de ocho.

Y el vencedor zanja: “Intenté aceptar las cosas. Sabía que Pablo estaba jugando a un gran nivel, pero no he dejado que se escape”, afirma Jódar; “otros jugadores quizá habrían aceptado que llegar a los octavos ya era algo importante, y que estando dos sets abajo, podían dejarse ir. Pero yo tenía la convicción de que podía dar un poco más y, afortunadamente, he ganado el partido”.